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	<title>Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina</title>
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		<title>Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina</title>
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		<title>&#191;Desarrollo capitalista?</title>
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		<dc:date>2014-02-10T14:49:14Z</dc:date>
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		<dc:creator>Boaventura de Sousa Santos</dc:creator>


		<dc:subject>Opinion</dc:subject>

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&lt;p&gt;Al inicio del tercer milenio, las fuerzas de izquierda se debaten entre dos desaf&#237;os principales: la relaci&#243;n entre democracia y capitalismo, y el crecimiento econ&#243;mico infinito (capitalista o socialista) como indicador b&#225;sico de desarrollo y progreso. En estas l&#237;neas voy a centrarme en el segundo desaf&#237;o (sobre el primero, ver &#8220;&#191;Democracia o capitalismo?&#8221;, en P&#225;gina/12 del 6 de enero pasado). &lt;br class='autobr' /&gt; Fuente: P&#225;gina/12 Por Boaventura de Sousa Santos * &lt;br class='autobr' /&gt;
Antes de la crisis financiera, Europa era (&#8230;)&lt;/p&gt;


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&lt;a href="http://dev0.cta.org.ar/-opinion-.html" rel="directory"&gt;Opini&#243;n&lt;/a&gt;

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&lt;a href="http://dev0.cta.org.ar/+-opinion-6-+.html" rel="tag"&gt;Opinion&lt;/a&gt;

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 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Al inicio del tercer milenio, las fuerzas de izquierda se debaten entre dos desaf&#237;os principales: la relaci&#243;n entre democracia y capitalismo, y el crecimiento econ&#243;mico infinito (capitalista o socialista) como indicador b&#225;sico de desarrollo y progreso. En estas l&#237;neas voy a centrarme en el segundo desaf&#237;o (sobre el primero, ver &#8220;&#191;Democracia o capitalismo?&#8221;, en P&#225;gina/12 del 6 de enero pasado).&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Fuente: P&#225;gina/12&lt;br class='autobr' /&gt;
Por Boaventura de Sousa Santos *&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Antes de la crisis financiera, Europa era la regi&#243;n del mundo donde los movimientos ambientalistas y ecologistas ten&#237;an m&#225;s visibilidad pol&#237;tica y donde la narrativa de la necesidad de complementar el pacto social con el pacto natural parec&#237;a tener gran aceptaci&#243;n p&#250;blica. Sorprendentemente o no, con el estallido de la crisis tanto estos movimientos como esta narrativa desaparecieron de la escena pol&#237;tica y las fuerzas pol&#237;ticas que m&#225;s directamente se oponen a la austeridad financiera reclaman crecimiento econ&#243;mico como la &#250;nica soluci&#243;n y s&#243;lo excepcionalmente hacen una menci&#243;n algo simb&#243;lica a la responsabilidad ambiental y la sustentabilidad. Y, de hecho, las inversiones p&#250;blicas en energ&#237;as renovables fueron las primeras en ser sacrificadas por las pol&#237;ticas de ajuste estructural. Ahora bien, el modelo de crecimiento que estaba en vigor antes de la crisis era el blanco principal de las cr&#237;ticas de los movimientos ambientalistas y ecologistas, precisamente, por ser insostenible y producir cambios clim&#225;ticos que, seg&#250;n los datos la ONU, ser&#237;an irreversibles a muy corto plazo, seg&#250;n algunos, a partir de 2015. Esta r&#225;pida desaparici&#243;n de la narrativa ecologista muestra que el capitalismo tiene prioridad no s&#243;lo sobre la democracia, sino tambi&#233;n sobre la ecolog&#237;a y el ambientalismo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero hoy es evidente que, en el umbral del siglo XXI, el desarrollo capitalista toca la capacidad l&#237;mite del planeta Tierra. En los &#250;ltimos meses, varios records de riesgo clim&#225;tico fueron batidos en Estados Unidos, la India, el Artico, y los fen&#243;menos clim&#225;ticos extremos se repiten con cada vez mayor frecuencia y gravedad. Ah&#237; est&#225;n las sequ&#237;as, las inundaciones, la crisis alimentaria, la especulaci&#243;n con productos agr&#237;colas, la creciente escasez de agua potable, el desv&#237;o de terrenos destinados a la agricultura para desarrollar agrocombustibles, la deforestaci&#243;n de bosques. Paulatinamente, se va constatando que los factores de la crisis est&#225;n cada vez m&#225;s articulados y son, al final, manifestaciones de la misma crisis, que por sus dimensiones se presenta como crisis civilizatoria. Todo est&#225; vinculado: la crisis alimentaria, la crisis ambiental, la crisis energ&#233;tica, la especulaci&#243;n financiera sobre los commodities y los recursos naturales, la apropiaci&#243;n y la concentraci&#243;n de tierras, la expansi&#243;n desordenada de la frontera agr&#237;cola, la voracidad de la explotaci&#243;n de los recursos naturales, la escasez de agua potable y la privatizaci&#243;n del agua, la violencia en el campo, la expulsi&#243;n de poblaciones de sus tierras ancestrales para abrir camino a grandes infraestructuras y megaproyectos, las enfermedades inducidas por un medioambiente degradado, dram&#225;ticamente evidentes en la mayor incidencia del c&#225;ncer en ciertas zonas rurales, los organismos gen&#233;ticamente modificados, los consumos de agrot&#243;xicos, etc&#233;tera. La Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible realizada en junio de 2012, R&#237;o+20, fue un rotundo fracaso por la complicidad mal disfrazada entre las &#233;lites del Norte global y las de los pa&#237;ses emergentes para dar prioridad al lucro de sus empresas a costa del futuro de la humanidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En varios pa&#237;ses de Am&#233;rica latina, la valorizaci&#243;n internacional de los recursos financieros permiti&#243; una negociaci&#243;n de nuevo tipo entre democracia y capitalismo. El fin (aparente) de la fatalidad del intercambio desigual (las materias primas siempre menos valoradas que los productos manufacturados), que encadenaba a los pa&#237;ses de la periferia del sistema mundial al desarrollo dependiente, permiti&#243; que las fuerzas progresistas, antes vistas como &#8220;enemigas del desarrollo&#8221;, se liberasen de ese fardo hist&#243;rico, transformando el boom en una ocasi&#243;n &#250;nica para realizar pol&#237;ticas sociales y de redistribuci&#243;n de la renta. Las oligarqu&#237;as y, en algunos pa&#237;ses, sectores avanzados de la burgues&#237;a industrial y financiera altamente internacionalizados, perdieron buena parte del poder pol&#237;tico gubernamental, pero a cambio vieron incrementado su poder econ&#243;mico. Los pa&#237;ses cambiaron sociol&#243;gica y pol&#237;ticamente, hasta el punto de que algunos analistas vieron la emergencia de un nuevo r&#233;gimen de acumulaci&#243;n, m&#225;s nacionalista y estatista, el neodesarrollismo, sobre la base del neoextractivismo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sea como fuere, este neoextractivismo se basa en la explotaci&#243;n intensiva de los recursos naturales y, por lo tanto, plantea el problema de los l&#237;mites ecol&#243;gicos (para no hablar de los l&#237;mites sociales y pol&#237;ticos) de esta nueva (vieja) fase del capitalismo. Esto es tanto m&#225;s preocupante en cuanto este modelo de &#8220;desarrollo&#8221; es flexible en la distribuci&#243;n social, pero r&#237;gido en su estructura de acumulaci&#243;n. Las locomotoras de la miner&#237;a, del petr&#243;leo, del gas natural, de la frontera agr&#237;cola son cada vez m&#225;s potentes y todo lo que se interponga en su camino y obstruya su trayecto tiende a ser arrasado como obst&#225;culo al desarrollo. Su poder pol&#237;tico crece m&#225;s que su poder econ&#243;mico, la redistribuci&#243;n social de la renta les confiere una legitimidad pol&#237;tica que el anterior modelo de desarrollo nunca tuvo, o s&#243;lo tuvo en condiciones de dictadura.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por su atractivo, estas locomotoras son eximias para transformar las se&#241;ales cada vez m&#225;s perturbadoras de la inmensa deuda ambiental y social que generan en un costo inevitable del &#8220;progreso&#8221;. Por otro lado, privilegian una temporalidad que es af&#237;n a la de los gobiernos: el boom de los recursos naturales no va a durar para siempre y, por eso, hay que aprovecharlo al m&#225;ximo en el m&#225;s corto plazo. El brillo del corto plazo oculta las sombras del largo plazo. En tanto el boom configura un juego de suma positiva, quien se interpone en su camino es visto como un ecologista infantil, un campesino improductivo o un ind&#237;gena atrasado, y muchas veces es sospechado de integrar &#8220;poblaciones f&#225;cilmente manipulables por Organizaciones No Gubernamentales al servicio de qui&#233;n sabe qui&#233;n&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En estas condiciones se vuelve dif&#237;cil poner en acci&#243;n principios de precauci&#243;n o l&#243;gicas de largo plazo. &#191;Qu&#233; pasar&#225; cuando el boom de los recursos naturales termine? &#191;Y cuando sea evidente que la inversi&#243;n de los recursos naturales no fue debidamente compensada por la inversi&#243;n en recursos humanos? &#191;Cuando no haya dinero para generosas pol&#237;ticas compensatorias y el empobrecimiento s&#250;bito cree un resentimiento dif&#237;cil de manejar en democracia? &#191;Cuando los niveles de enfermedades ambientales sean inaceptables y sobrecarguen los sistemas p&#250;blicos de salud hasta volverlos insostenibles? &#191;Cuando la contaminaci&#243;n de las aguas, el empobrecimiento de las tierras y la destrucci&#243;n de los bosques sean irreversibles? &#191;Cuando las poblaciones ind&#237;genas, ribere&#241;as y de los quilombos (afrobrasile&#241;os) que fueron expulsadas de sus tierras cometan suicidios colectivos o deambulen por las periferias urbanas reclamando un derecho a la ciudad que siempre les ser&#225; negado? Estas preguntas son consideradas por la ideolog&#237;a econ&#243;mica y pol&#237;tica dominante como escenarios dist&#243;picos, exagerados o irrelevantes, fruto de un pensamiento cr&#237;tico entrenado para dar malos augurios. En suma, un pensamiento muy poco convincente y de ning&#250;n atractivo para los grandes medios de comunicaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este contexto, s&#243;lo es posible perturbar el automatismo pol&#237;tico y econ&#243;mico de este modelo mediante la acci&#243;n de movimientos y organizaciones sociales con el suficiente coraje para dar a conocer el lado destructivo sistem&#225;ticamente ocultado del modelo, dramatizar su negatividad y forzar la entrada de esta denuncia en la agenda pol&#237;tica. La articulaci&#243;n entre los diferentes factores de la crisis deber&#225; llevar urgentemente a la articulaci&#243;n entre los movimientos sociales que luchan contra ellos. Se trata de un proceso lento en el que el peso de la historia de cada movimiento cuenta m&#225;s de lo que deber&#237;a, pero ya son visibles articulaciones entre las luchas por los derechos humanos, la soberan&#237;a alimentaria, contra los agrot&#243;xicos, contra los transg&#233;nicos, contra la impunidad de la violencia en el campo, contra la especulaci&#243;n financiera con productos alimentarios, por la reforma agraria, los derechos de la naturaleza, los derechos ambientales, los derechos ind&#237;genas y de los quilombos, el derecho a la ciudad, el derecho a la salud, la econom&#237;a solidaria, la agroecolog&#237;a, el gravamen de las transacciones financieras internacionales, la educaci&#243;n popular, la salud colectiva, la regulaci&#243;n de los mercados financieros, etc.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tal como ocurre con la democracia, s&#243;lo una conciencia y una acci&#243;n ecol&#243;gica vigorosas, anticapitalistas, pueden enfrentar con &#233;xito la vor&#225;gine del capitalismo extractivista. Al &#8220;ecologismo de los ricos&#8221; es preciso contraponerle el &#8220;ecologismo de los pobres&#8221;, basado en una econom&#237;a pol&#237;tica no dominada por el fetichismo del crecimiento infinito y del consumismo individualista, sino en las ideas de reciprocidad, solidaridad y complementariedad vigentes tanto en las relaciones entre los seres humanos como en las relaciones entre los humanos y la naturaleza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;* Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra, Portugal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El texto corresponde a la &#8220;Und&#233;cima carta a las izquierdas&#8221; del autor.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Traducci&#243;n: Javier Lorca.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>&#191;Democracia o capitalismo? </title>
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		<description>&lt;p&gt;Al inicio del tercer milenio, las fuerzas de izquierda se debaten entre dos desaf&#237;os principales: la relaci&#243;n entre democracia y capitalismo, y el crecimiento econ&#243;mico infinito (capitalista o socialista) como indicador b&#225;sico de desarrollo y progreso. En estas l&#237;neas voy a centrarme en el primer desaf&#237;o.&lt;/p&gt;

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&lt;a href="http://dev0.cta.org.ar/-opinion-.html" rel="directory"&gt;Opini&#243;n&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Art&#237;culo publicado en el diario P&#225;gina 12 del 6 de enero de 2013&lt;br class='autobr' /&gt;
Traducci&#243;n: Javier Lorca&lt;br class='autobr' /&gt;
&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al inicio del tercer milenio, las fuerzas de izquierda se debaten entre dos desaf&#237;os principales: la relaci&#243;n entre democracia y capitalismo, y el crecimiento econ&#243;mico infinito (capitalista o socialista) como indicador b&#225;sico de desarrollo y progreso. En estas l&#237;neas voy a centrarme en el primer desaf&#237;o.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Contra lo que el sentido com&#250;n de los &#250;ltimos 50 a&#241;os nos puede hacer pensar, la relaci&#243;n entre democracia y capitalismo siempre fue una relaci&#243;n tensa, incluso de contradicci&#243;n. Lo fue, ciertamente, en los pa&#237;ses perif&#233;ricos del sistema mundial, en lo que durante mucho tiempo se denomin&#243; Tercer Mundo y hoy se designa como Sur global. Pero tambi&#233;n en los pa&#237;ses centrales o desarrollados la misma tensi&#243;n y la misma contradicci&#243;n estuvieron siempre presentes. Basta recordar los largos a&#241;os de nazismo y fascismo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un an&#225;lisis m&#225;s detallado de las relaciones entre capitalismo y democracia obligar&#237;a a distinguir entre diferentes tipos de capitalismo y su dominio en diferentes per&#237;odos y regiones del mundo, y entre diferentes tipos y grados de intensidad de la democracia. En estas l&#237;neas concibo al capitalismo bajo su forma general de modo de producci&#243;n y hago referencia al tipo que ha dominado en las &#250;ltimas d&#233;cadas, el capitalismo financiero. En lo que respecta a la democracia, me centro en la democracia representativa tal como fue teorizada por el liberalismo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El capitalismo s&#243;lo se siente seguro si es gobernado por quien tiene capital o se identifica con sus &#8220;necesidades&#8221;, mientras que la democracia es idealmente el gobierno de las mayor&#237;as que no tienen capital ni razones para identificarse con las &#8220;necesidades&#8221; del capitalismo, sino todo lo contrario. El conflicto es, en el fondo, un conflicto de clases, pues las clases que se identifican con las necesidades del capitalismo (b&#225;sicamente, la burgues&#237;a) son minoritarias en relaci&#243;n con las clases que tienen otros intereses, cuya satisfacci&#243;n colisiona con las necesidades del capitalismo (clases medias, trabajadores y clases populares en general). Al ser un conflicto de clases, se presenta social y pol&#237;ticamente como un conflicto distributivo: por un lado, la pulsi&#243;n por la acumulaci&#243;n y la concentraci&#243;n de riqueza por parte de los capitalistas, y, por otro lado, la reivindicaci&#243;n de la redistribuci&#243;n de la riqueza generada en gran parte por los trabajadores y sus familias. La burgues&#237;a siempre ha tenido pavor a que las mayor&#237;as pobres tomen el poder y ha usado el poder pol&#237;tico que le concedieron las revoluciones del siglo XIX para impedir que eso ocurra. Ha concebido a la democracia liberal de modo de garantizar eso mismo a trav&#233;s de medidas que cambiaron con el tiempo, pero mantuvieron su objetivo: restricciones al sufragio, primac&#237;a absoluta del derecho de propiedad individual, sistema pol&#237;tico y electoral con m&#250;ltiples v&#225;lvulas de seguridad, represi&#243;n violenta de la actividad pol&#237;tica fuera de las instituciones, corrupci&#243;n de los pol&#237;ticos, legalizaci&#243;n del lobby... Y siempre que la democracia se mostr&#243; disfuncional, se mantuvo abierta la posibilidad del recurso a la dictadura, algo que sucedi&#243; muchas veces.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Despu&#233;s de la Segunda Guerra Mundial, muy pocos pa&#237;ses ten&#237;an democracia, vastas regiones del mundo estaban sometidas al colonialismo europeo, que serv&#237;a para consolidar el capitalismo euro-norteamericano, Europa estaba devastada por una guerra que hab&#237;a sido provocada por la supremac&#237;a alemana, y en el Este se consolidaba el r&#233;gimen comunista, que aparec&#237;a como alternativa al capitalismo y la democracia liberal. En este contexto surgi&#243; en la Europa m&#225;s desarrollada el llamado capitalismo democr&#225;tico, un sistema de econom&#237;a pol&#237;tica basado en la idea de que, para ser compatible con la democracia, el capitalismo deber&#237;a ser fuertemente regulado, lo que implicaba la nacionalizaci&#243;n de sectores clave de la econom&#237;a, un sistema tributario progresivo, la imposici&#243;n de las negociaciones colectivas e incluso, como sucedi&#243; en la Alemania Occidental de entonces, la participaci&#243;n de los trabajadores en la gesti&#243;n de empresas. En el plano cient&#237;fico, Keynes representaba entonces la ortodoxia econ&#243;mica y Hayek, la disidencia. En el plano pol&#237;tico, los derechos econ&#243;micos y sociales (derechos al trabajo, la educaci&#243;n, la salud y la seguridad social, garantizados por el Estado) hab&#237;an sido el instrumento privilegiado para estabilizar las expectativas de los ciudadanos y para enfrentar las fluctuaciones constantes e imprevisibles de las &#8220;se&#241;ales de los mercados&#8221;. Este cambio alteraba los t&#233;rminos del conflicto distributivo, pero no lo eliminaba. Por el contrario, ten&#237;a todas las condiciones para instigarlo luego de que se debilitara el crecimiento de las tres d&#233;cadas siguientes. Y as&#237; sucedi&#243;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Desde 1970, los Estados centrales han estado manejando el conflicto entre las exigencias de los ciudadanos y las exigencias del capital mediante el recurso a un conjunto de soluciones que gradualmente fueron dando m&#225;s poder al capital. Primero fue la inflaci&#243;n (1970-1980); despu&#233;s, la lucha contra la inflaci&#243;n, acompa&#241;ada del aumento del desempleo y del ataque al poder de los sindicatos (desde 1980), una medida complementada con el endeudamiento del Estado como resultado de la lucha del capital contra los impuestos, del estancamiento econ&#243;mico y del aumento de los gastos sociales originados en el aumento del desempleo (desde mediados de 1980), y luego con el endeudamiento de las familias, seducidas por las facilidades de cr&#233;dito concedidas por un sector financiero finalmente libre de regulaciones estatales, para eludir el colapso de las expectativas respecto del consumo, la educaci&#243;n y la vivienda (desde mediados de 1990). Hasta que la ingenier&#237;a de las soluciones ficticias lleg&#243; a su fin con la crisis de 2008 y se volvi&#243; claro qui&#233;n hab&#237;a ganado en el conflicto distributivo: el capital. La prueba: la conversi&#243;n de la deuda privada en deuda p&#250;blica, el incremento de las desigualdades sociales y el asalto final a las expectativas de una vida digna de las mayor&#237;as (los trabajadores, los jubilados, los desempleados, los inmigrantes, los j&#243;venes en busca de empleo) para garantizar las expectativas de rentabilidad de la minor&#237;a (el capital financiero y sus agentes). La democracia perdi&#243; la batalla y s&#243;lo evitar&#225; ser derrotada en la guerra si las mayor&#237;as pierden el miedo, se rebelan dentro y fuera de las instituciones y fuerzan al capital a volver a tener miedo, como sucedi&#243; hace sesenta a&#241;os.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En los pa&#237;ses del Sur global que disponen de recursos naturales la situaci&#243;n es, por ahora, diferente. En algunos casos, por ejemplo en varios pa&#237;ses de Am&#233;rica latina, hasta puede decirse que la democracia se est&#225; imponiendo en el duelo con el capitalismo, y no es por casualidad que en pa&#237;ses como Venezuela y Ecuador se comenz&#243; a discutir el tema del socialismo del siglo XXI, aunque la realidad est&#233; lejos de los discursos. Hay muchas razones detr&#225;s, pero tal vez la principal haya sido la conversi&#243;n de China al neoliberalismo, lo que provoc&#243;, sobre todo a partir de la primera d&#233;cada del siglo XXI, una nueva carrera por los recursos naturales. El capital financiero encontr&#243; ah&#237; y en la especulaci&#243;n con productos alimentarios una fuente extraordinaria de rentabilidad. Esto permiti&#243; que los gobiernos progresistas &#8211;llegados al poder como consecuencia de las luchas y los movimientos sociales de las d&#233;cadas anteriores&#8211; pudieran desarrollar una redistribuci&#243;n de la riqueza muy significativa y, en algunos pa&#237;ses, sin precedentes. Por esta v&#237;a, la democracia gan&#243; nueva legitimidad en el imaginario popular. Pero, por su propia naturaleza, la redistribuci&#243;n de la riqueza no puso en cuesti&#243;n el modelo de acumulaci&#243;n basado en la explotaci&#243;n intensiva de los recursos naturales y, en cambio, la intensific&#243;. Esto estuvo en el origen de conflictos &#8211;que se han ido agravando&#8211; con los grupos sociales ligados a la tierra y a los territorios donde se encuentran los recursos naturales, los pueblos ind&#237;genas y los campesinos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En los pa&#237;ses del Sur global con recursos naturales pero sin una democracia digna de ese nombre, el boom de los recursos no trajo ning&#250;n impulso a la democracia, pese a que, en teor&#237;a, condiciones mas propicias para una resoluci&#243;n del conflicto distributivo deber&#237;an facilitar la soluci&#243;n democr&#225;tica y viceversa. La verdad es que el capitalismo extractivista obtiene mejores condiciones de rentabilidad en sistemas pol&#237;ticos dictatoriales o con democracias de baj&#237;sima intensidad (sistemas casi de partido &#250;nico), donde es m&#225;s f&#225;cil corromper a las elites, a trav&#233;s de su involucramiento en la privatizaci&#243;n de concesiones y las rentas del extractivismo. No es de esperar ninguna profesi&#243;n de fe en la democracia por parte del capitalismo extractivista, incluso porque, siendo global, no reconoce problemas de legitimidad pol&#237;tica. Por su parte, la reivindicaci&#243;n de la redistribuci&#243;n de la riqueza por parte de las mayor&#237;as no llega a ser o&#237;da, por falta de canales democr&#225;ticos y por no poder contar con la solidaridad de las restringidas clases medias urbanas que reciben las migajas del rendimiento extractivista. Las poblaciones m&#225;s directamente afectadas por el extractivismo son los campesinos, en cuyas tierras est&#225;n los yacimientos mineros o donde se pretende instalar la nueva econom&#237;a agroindustrial. Son expulsados de sus tierras y sometidos al exilio interno. Siempre que se resisten son violentamente reprimidos y su resistencia es tratada como un caso policial. En estos pa&#237;ses, el conflicto distributivo no llega siquiera a existir como problema pol&#237;tico. De este an&#225;lisis se concluye que la actual puesta en cuesti&#243;n del futuro de la democracia en Europa del Sur es la manifestaci&#243;n de un problema mucho m&#225;s vasto que est&#225; aflorando en diferentes formas en varias regiones del mundo. Pero, as&#237; formulado, el problema puede ocultar una incertidumbre mucho mayor que la que expresa. No se trata s&#243;lo de cuestionar el futuro de la democracia. Se trata, tambi&#233;n, de cuestionar la democracia del futuro. La democracia liberal fue hist&#243;ricamente derrotada por el capitalismo y no parece que la derrota sea reversible. Por eso, no hay que tener esperanzas de que el capitalismo vuelva a tenerle miedo a la democracia liberal, si alguna vez lo tuvo. La democracia liberal sobrevivir&#225; en la medida en que el capitalismo global se pueda servir de ella. La lucha de quienes ven en la derrota de la democracia liberal la emergencia de un mundo repugnantemente injusto y descontroladamente violento debe centrarse en buscar una concepci&#243;n de la democracia m&#225;s robusta, cuya marca gen&#233;tica sea el anticapitalismo. Tras un siglo de luchas populares que hicieron entrar el ideal democr&#225;tico en el imaginario de la emancipaci&#243;n social, ser&#237;a un grave error pol&#237;tico desperdiciar esa experiencia y asumir que la lucha anticapitalista debe ser tambi&#233;n una lucha antidemocr&#225;tica. Por el contrario, es preciso convertir al ideal democr&#225;tico en una realidad radical que no se rinda ante el capitalismo. Y como el capitalismo no ejerce su dominio sino sirvi&#233;ndose de otras formas de opresi&#243;n, principalmente del colonialismo y el patriarcado, esta democracia radical, adem&#225;s de anticapitalista, debe ser tambi&#233;n anticolonialista y antipatriarcal. Puede llamarse revoluci&#243;n democr&#225;tica o democracia revolucionaria &#8211;el nombre poco importa&#8211;, pero debe ser necesariamente una democracia posliberal, que no puede perder sus atributos para acomodarse a las exigencias del capitalismo. Al contrario, debe basarse en dos principios: la profundizaci&#243;n de la democracia s&#243;lo es posible a costa del capitalismo; y en caso de conflicto entre capitalismo y democracia debe prevalecer la democracia real.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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