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	<title>Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina</title>
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		<title>Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina</title>
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		<title>El Nono</title>
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		<dc:creator>Horacio Gonz&#225;lez</dc:creator>


		<dc:subject>Noticia 3 Bloque Grande Portada</dc:subject>

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&lt;p&gt;El Nono Frondizi hablaba con una voz que parec&#237;a surgir de una mochila de remotas luchas escondidas en el interior de la garganta. &lt;br class='autobr' /&gt; El resultado era cierto sigilo, un efecto confidencial. As&#237; se tratase de algo muy importante o de un caso trivial reci&#233;n ocurrido, siempre parec&#237;a transmitir un secreto, con en canto oblicuo de la mano cortando la comisura de la boca. En el pasadizo interno de lo que dec&#237;a hab&#237;a una indignaci&#243;n que apenas vibraba, lo suficiente para que se note, pero no (&#8230;)&lt;/p&gt;


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 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;El Nono Frondizi hablaba con una voz que parec&#237;a surgir de una mochila de remotas luchas escondidas en el interior de la garganta.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;El resultado era cierto sigilo, un efecto confidencial. As&#237; se tratase de algo muy importante o de un caso trivial reci&#233;n ocurrido, siempre parec&#237;a transmitir un secreto, con en canto oblicuo de la mano cortando la comisura de la boca. En el pasadizo interno de lo que dec&#237;a hab&#237;a una indignaci&#243;n que apenas vibraba, lo suficiente para que se note, pero no tanto para cargar una charla con culpas, que no por ser muy reales, dejaban de guardarse en una intimidad delicadamente complotada. No fui su amigo, en el sentido tan pleno e irrecusablemente inmediato que le damos a ese vocablo. Cre&#237; serlo en cambio de su hermano Diego, que en los inicios de los 70, cay&#243; bajo las balas policiales junto a su muy querido amigo Manuel Belloni. La familia Frondizi es un &#225;rbol geneal&#243;gico de todas las vertientes del drama argentino. El Nono eligi&#243; una de esas, la vertiente del infinito, la incesante lucha de los trabajadores. &#8220;Nono&#8221;, se le dec&#237;a, creo, desde hace mucho tiempo. Muchos, quiz&#225;s mayores que &#233;l, pudimos pasar de largo, evitando ese calificativo cari&#241;oso, y si pensamos que podr&#237;a ser revelador de un achaque o de un retiro, en el Nono era todo lo contrario. S&#243;lo pon&#237;a de relieve que era visto por una multitud de j&#243;venes que se integraban al mundo sindical como una figura que parec&#237;a esfumarse en el tiempo, pero resurg&#237;a con los signos m&#225;s fervorosos del presente, simbolizando la disconformidad con decisiones que llevan a un pa&#237;s a una cat&#225;strofe colectiva. Bajo el sello de su mera presencia, militante de uno de los m&#225;s antiguos sindicatos argentinos, ATE, era imposible no ser testigo de c&#243;mo emanaba del Nono, un sentido superior del compromiso gremial y pol&#237;tico. La rasa y blanca barba algo descuidada, la voz que brotaba de ese rostro tallado por una serena energ&#237;a social, todo parec&#237;a recortarse en una atm&#243;sfera impasible. Pero no era dif&#237;cil reconocer detr&#225;s de sus emblemas, todos los rasgos de iron&#237;a &#8211;a veces dolido sarcasmo&#8211;, que le son indispensables a toda existencia pol&#237;tica. Hay un pu&#241;ado de nombres, que para las memorias m&#225;s exigentes, alcanzan para inspirar los m&#225;ximos compromisos e imaginaci&#243;n para detener las felon&#237;as hoy en curso. El del Nono Frondizi es uno de ellos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fuente: P&#225;gina/12&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>Macri entre cenizas</title>
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		<dc:creator>Horacio Gonz&#225;lez</dc:creator>


		<dc:subject>Noticia 3 Bloque Grande Portada</dc:subject>

		<description>
&lt;p&gt;Fuente: Pagina/12 &lt;br class='autobr' /&gt;
La irresponsabilidad de un gobierno obtuso, incompetente y desesperado puede ser resumida en esa foto de Hiroshima, acompa&#241;ada de un texto de Macri, salido seguramente de su falansterio de &#8220;asesores filos&#243;ficos&#8221;. Deber&#237;an saber que interpretar una foto no es f&#225;cil, menos las que muestran una cat&#225;strofe o una hecatombe. &#191;Qu&#233; tal poner maestros ense&#241;ando en medio de la espesa nube de silencio mortuorio luego de la ca&#237;da de las Torres Gemelas o en un bote que se aleja de un (&#8230;)&lt;/p&gt;


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		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Fuente: Pagina/12&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La irresponsabilidad de un gobierno obtuso, incompetente y desesperado puede ser resumida en esa foto de Hiroshima, acompa&#241;ada de un texto de Macri, salido seguramente de su falansterio de &#8220;asesores filos&#243;ficos&#8221;. Deber&#237;an saber que interpretar una foto no es f&#225;cil, menos las que muestran una cat&#225;strofe o una hecatombe. &#191;Qu&#233; tal poner maestros ense&#241;ando en medio de la espesa nube de silencio mortuorio luego de la ca&#237;da de las Torres Gemelas o en un bote que se aleja de un gran transatl&#225;ntico que muestra su gran silueta a la distancia, hundi&#233;ndose en el mar?&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;La materia de esas im&#225;genes es el sufrimiento o el sacrificio, no el horario de clases, el presentismo o el incentivo bajo cuerda. Esos maestros japoneses, a los que la necia disposici&#243;n de Macri para las alegor&#237;as los muestra como imaginarios rompehuelgas, eran representantes de un gran acto educativo de testimonio y supervivencia. Es una imagen formativa primordial, pero no como la cree el Gobierno, un llamando a la sumisi&#243;n, sino una cita trascendente de las maestras y maestros sobre el cuidado y nutrici&#243;n del ser en la tragedia. M&#225;xima manifestaci&#243;n de sacrificio por una comunidad violentada, que todo maestro encarar&#237;a de la misma forma. Preg&#250;ntele, Macri, a alguna maestra argentina si no est&#225; dispuesta a dar clases entre ruinas, a protagonizar esa misma imagen para mostrar la voluntad de resistencia ante una desventura colectiva tan desmesurada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Sabe usted lo que fue Hiroshima, o en esas reliquias rotas ve s&#243;lo un accidente inmobiliario? Se esperaban en Jap&#243;n largos a&#241;os de reconstrucci&#243;n y pensamiento de un esp&#237;ritu en congoja ante las osamentas de lo que fueron edificios y moradas abrasadas por un hurac&#225;n de part&#237;culas corrosivas e incendiarias. La imagen fotografiada consist&#237;a all&#237; en volver a trazar el simbolismo del espacio p&#250;blico derruido. Nada tienen que ver las reclamaciones del gremialismo argentino, reconstructivo de la educaci&#243;n p&#250;blica, que al contrario, vio esas im&#225;genes como una declaraci&#243;n de guerra. Usted pone un n&#250;mero de sacrificados, habla mec&#225;nicamente sobre Hiroshima. Pero &#191;c&#243;mo hay que hablar de ese hecho inaceptable? Usted habla como un estad&#237;stico, un inspector municipal o un perito contable, todas profesiones respetables. Pero no es &#233;sa la funci&#243;n que le cabe.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Vuelva a leer lo que le han escrito: &#8220;meses despu&#233;s de la explosi&#243;n at&#243;mica que arras&#243; el 90% de los edificios, f&#225;bricas, calles, plazas y casas de esa ciudad y dej&#243; m&#225;s de 150.000 personas muertas, decenas de miles de ellas de manera fulminante&#8221;. Lo hacen hablar como habla su gobierno, con la palabra &#8220;fulminante&#8221; y la regleta del que calcula cifras redondas y porcentajes; con n&#250;meros que cuando los escucha sobre los desaparecidos argentinos, lo irritan. &#8220;Dos meses despu&#233;s.&#8221; &#191;C&#243;mo lo sabe? &#191;Por qu&#233; no escribi&#243; un d&#237;a despu&#233;s? Su talento disciplinario se lo hubiera permitido. Lo que no entiende que detr&#225;s de esas planillas oficiales, la foto que tanto le interes&#243;, muestra lo contrario, muestra un tenso esp&#237;ritu reconstructivo universal. Aqu&#237; se pide reconstruir el salario y la ense&#241;anza nacional al mismo tiempo. En Hiroshima podemos apreciar que era lo que llamamos una clase p&#250;blica, porque tambi&#233;n estaban destruidas las escuelas, cosa que su gran esp&#237;ritu republicano no menciona. Esa clase era una callada protesta trascendental y espiritual. Todo educador sabe que su &#250;ltima instancia es &#233;sa. &#191;Qu&#233; otra cosa gigantesca piensa usted destruir para que se lo demuestren?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Usted no ha percibido, en su c&#225;ndido despojamiento de toda sensibilidad hist&#243;rica, que su actitud resulta a&#250;n m&#225;s aturdida por el modo en que describe esta imagen, disolviendo en su conciencia indiferente el significado del nombre testimonial de Hiroshima en la historia de la humanidad. &#161;Y todo para pagar unos puntos menos en una paritaria! Hace m&#225;s de seis d&#233;cadas, dejar caer en la claridad de un d&#237;a tranquilo y algo lluvioso, un poderoso explosivo at&#243;mico sobre esa ciudad, surgi&#243; de una decisi&#243;n de estados mayores clandestinos. Convert&#237;a a Hiroshima y luego a Nagasaki en experimentos alucinados, tramados en laboratorios secretos donde se cruzaba la voz del infierno con una discusi&#243;n sobre el remordimiento y la carencia de conocimientos &#233;ticos sobre los usos de la ciencia en una guerra.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hiroshima es una cuesti&#243;n testimonial que inicia la pregunta fundamental sobre qu&#233; horizonte de lo humano permite seguir pensando las luchas sociales y pol&#237;ticas ante poderes que han extendido la llamada &#8220;raz&#243;n de Estado&#8221; a fronteras ya inconcebibles. A la vez, la historia de la bomba at&#243;mica es la de la historia del pensamiento cient&#237;fico del siglo XX y sus recovecos &#233;ticos a&#250;n irresueltos. El uranio interrogado por neutrones precisaba, en el caso de Hiroshima, complejos estudios meteorol&#243;gicos, alt&#237;metros muy precisos para regular la distancia del avi&#243;n con el estallido, escuadrillas de acompa&#241;amiento, nuevas significaciones para los aviones y las informaciones dadas a la tripulaci&#243;n, que proceder&#237;an a este acto secreto que de s&#250;bito se convertir&#237;a en un disciplinamiento tr&#225;gico para toda la humanidad. El comandante del avi&#243;n que le puso en el fuselaje el nombre de su madre se jact&#243; toda su vida de haber cumplido con su deber. En sus momentos m&#225;s imaginativos, regalaba a sus amigos una maqueta de la bomba at&#243;mica con su firma incorporada. Otro aviador &#8211;y este caso es quiz&#225; conocido porque adquiri&#243; relevancia filos&#243;fica&#8211; carg&#243; durante toda su vida una pena lindante con la locura, si es que &#233;sta no es en s&#237; misma la condensaci&#243;n de todas las penas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El primero se llamaba Paul Tibbets, adecuadamente recordado por Yaski y Baradel. No se puede hablar de Hiroshima sin pronunciar estos nombres. El otro &#8211;el padeciente, el zombi filos&#243;fico&#8211; se llamaba Claude Eatherly, el copiloto. Es conocido el di&#225;logo que el fil&#243;sofo Gunther Anders mantiene con Eatherly. El fil&#243;sofo Anders, hombre empe&#241;oso y delicado, con su pensamiento sutil conduce a Eatherly a pensar que &#233;l era una v&#237;ctima m&#225;s de un impulso prometeico insensato, fundado en el fatal efecto del poder aterrador de la tecnolog&#237;a con sus escasos discernimientos morales, tecnolog&#237;a a la que podr&#237;an darle otros destinos o sofocarle su ceguera destructiva. &#191;Frente al hongo at&#243;mico, pod&#237;a haber obediencia debida, orgullo por la tarea cumplida, condecoraciones o menciones al honor militar ante lo pavoroso de la ceniza nuclear? Eatherly pod&#237;a convertirse en un sujeto filos&#243;fico que se&#241;alase con su conciencia en a&#241;icos, donde se ergu&#237;a la gran falla de la humanidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El tema sigue apasionando, porque sigue pendiente en la conciencia de la actualidad. A ese hongo at&#243;mico, como demiurgos, fueron los aviadores que lo crearon en esa &#250;ltima instancia que tuvo otras muchas, previas. Ellos lo vieron por primera vez en su entera consistencia de algo horripilante y cient&#237;fico. Es aceptable quimera que uno de ellos, el copiloto, haya dicho: &#8220;Dios m&#237;o, que hemos hecho&#8221;. Era la cat&#225;strofe absoluta de lo humano como forma realizada de la contienda, la destrucci&#243;n del mundo civil mientras los masacrados, un momento antes juegan en las plazas, cumplen horarios en las oficinas, pasean por las glorietas o dan clases en las escuelas. Frente a este estropicio mesi&#225;nico pudo inclinarse un fil&#243;sofo argentino severo, como Carlos Astrada, que en 1948 hace una estricta condena a la destrucci&#243;n de Nagasaki e Hiroshima ante un auditorio de militares argentinos. &#191;No hay nadie que le diga a Macri nada parecido, que le acerque otro &#8220;porcentaje&#8221; de lo humano?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ahora, sobre este rastro de compasi&#243;n y terror que perdura, se recortan las figuras del siniestro bombardeo a poblaciones &#8220;sin da&#241;o colateral&#8221;, que es la astuta lecci&#243;n que los grandes poderes obtuvieron de Hiroshima. &#191;Pero alguien podr&#225; proferir ahora &#8220;qu&#233; hice Dios m&#237;o&#8221;, desde el pobre Occidente con sus divinidades ex&#225;nimes? &#191;C&#243;mo se ejercer&#237;an los derechos a la reflexi&#243;n en estos casos? &#191;Qu&#233; clase de matem&#225;ticas o de fisi&#243;n nuclear desear&#237;a ense&#241;ar Macri ante los escombros ennegrecidos? &#191;Esos sobrevivientes de la vida educativa, &#8220;dos meses despu&#233;s&#8221;, recibir&#237;an sosegados las lecciones rutinarias sin que les importara la cat&#225;strofe ocurrida y aprend&#237;an al aire libre, ya limpio de part&#237;culas radiactivas, los ideogramas para formar la palabra &#8220;basta de masacres&#8221;?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Que le llev&#243;, Macri, a aceptar que le escriban que &#8220;en la foto se ve que los chicos continuaron estudiando en una escuela sin paredes, sentados en pupitres rotos, cajones de carb&#243;n y mandarinas rodeados de su ciudad pulverizada. Dos meses despu&#233;s de la bomba, de pie, al frente de todos ellos volvi&#243; a estar el maestro. Dando clases como todos los d&#237;as, como si nada hubiese cambiado, aunque los chicos no tuvieran ni libros ni cuadernos y muchos de ellos, tampoco padres&#8221;. Confesemos una duda. Esta bagatela encubridora traduce sin duda su genuino pensamiento. La esperanza suena en Usted como un epifen&#243;meno que viene luego de ocurrida una atrocidad tolerada a trav&#233;s de una carpeta que eval&#250;a da&#241;os y perjuicios. &#8220;Como si nada hubiese cambiado.&#8221; &#191;No hab&#237;a que cambiar? &#191;No cree que esta l&#237;nea escrita lo condena a Usted para siempre? Es un pensamiento que preserva un hongo de crueldad debajo de una l&#243;gica de buen muchacho. Es una horrorosa combinaci&#243;n de inocencia y maldad, que roza desenfrenadamente una brumosa estulticia, propia de un alma sombr&#237;a que no visit&#243; la regi&#243;n problem&#225;tica de las llamadas reservas morales. Incapaz de pensar el horror, usted piensa taca&#241;amente en las cifras de una paritaria omitiendo de su vida las vidas devoradas, resumi&#233;ndolo todo en la imagen de los ni&#241;os sentados en cajones de fruta. &#191;No percibe que la sensibilidad sobre las im&#225;genes es otra cosa? Siempre hay penurias hasta en simp&#225;ticos cajones frutales, noches y neblinas detr&#225;s de ellos. Dese cuenta que del s&#237;mbolo de ese maestro s&#243;lo podemos pensar que era alguien que ense&#241;aba lo que es estar demudado. Dedicaba su clase a la humanidad entera.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estos temas fueron tratados por Alain Resnais y Marguerite Duras en un famoso film, despu&#233;s Kurosawa, en Rapsodia de Agosto, nos informa de un Jap&#243;n moderno producto de una bomba, ni olvidada ni mirada a los ojos, pero silenciosamente viva, con su aullido interminable, en la callada vida diaria que la rememora. De aquel instante fatal apenas se puede contemplar ahora la c&#250;pula del edificio Gembaku, el &#250;nico que permaneci&#243; en pie luego del vuelo del Enola Gay, el avi&#243;n con el nombre de una simple mam&#225; norteamericana. No vindicta, dijo Kurosawa. Pero sigue siendo un desaf&#237;o forjar un pensamiento pol&#237;tico que no sea un resignado retiro moral, tullido en s&#237; mismo para intervenir en el mundo con algo m&#225;s que aquella carta t&#237;mida de los cient&#237;ficos que quisieron alertar sobre lo letal del ingenio que hab&#237;an producido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Esa carta hubiera torcido la decisi&#243;n de Truman, la de Roosevelt, la de Churchill? Siempre hay cartas que no llegan, entre el plutonio y el cenotafio. Macri la recibir&#237;a y la triturar&#237;a con la m&#225;quina de destruir nuestros archivos hist&#243;ricos, como ya se proponen. Estos elementos contrapuestos son los que se&#241;alan en Hiroshima y Nagasaki que por all&#237; pas&#243; el vendaval, los cientos de grados Celsius del calor radiactivo que quemaba cuerpos un d&#237;a sin nubes en el cielo. Este era el tema la clase, &#191;cu&#225;l otro pod&#237;a ser? Podr&#237;a hablarse de otra cosa, pero la silenciosa meditaci&#243;n del docente y los ni&#241;os no podr&#237;a ser otra, pues todo estaba ocurriendo frente a esos acusadores esqueletos edilicios. Macri, usted en su abismal ignorancia, con la que deben convivir maestros y maestras, ciudadanos y ciudadanos argentinos, ya hizo bastante para que frente a las m&#243;dicas cenizas que usted dispersa alrededor (pues no son, es claro, las de Hiroshima) nos inspirara fecundamente para trabajar y educar dignamente, entre otras cosas, para que dentro de los ciclos electorales correspondientes &#8211;que su vicepresidenta niega&#8211; podamos desprendernos de su poder aturdido, negligente y s&#243;rdido. Claro que nos conmueve una postal &#8220;afectiva&#8221; de ni&#241;os sin &#250;tiles, ni l&#225;pices ni padres, hu&#233;rfanos de una falla pasmosa en el coraz&#243;n de la humanidad. Lamentamos tener que decirlo, pero esa falla es la que calcina su coraz&#243;n, Presidente, y usted sin embargo no lo sabe. Es ajeno a ella. Pero Usted mismo la contiene cuando puede ser capaz de omitir en su alma desabrida qu&#233; cosa esencial significan esas cenizas de Hiroshima.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>El Frente Ciudadano</title>
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		<dc:creator>Horacio Gonz&#225;lez</dc:creator>


		<dc:subject>Enfoque</dc:subject>

		<description>
&lt;p&gt;La expresi&#243;n Frente Ciudadano es cuidadosa y sutil. Por supuesto, conocemos la larga historia de los frentismos pol&#237;ticos y sociales en el pa&#237;s y en el mundo. Los frentes son el recurso &#250;ltimo de alianzas contra los poderes manifiestos de la destrucci&#243;n de las plataformas m&#237;nimas de convivencia colectiva. No hay corriente ideol&#243;gica o tradici&#243;n pol&#237;tica que no tenga en sus legados una memoria frentista. El peronismo se denomin&#243; frentista, y hasta hoy insiste en tener ese car&#225;cter. Pero su (&#8230;)&lt;/p&gt;


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		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;La expresi&#243;n Frente Ciudadano es cuidadosa y sutil. Por supuesto, conocemos la larga historia de los frentismos pol&#237;ticos y sociales en el pa&#237;s y en el mundo. Los frentes son el recurso &#250;ltimo de alianzas contra los poderes manifiestos de la destrucci&#243;n de las plataformas m&#237;nimas de convivencia colectiva. No hay corriente ideol&#243;gica o tradici&#243;n pol&#237;tica que no tenga en sus legados una memoria frentista. El peronismo se denomin&#243; frentista, y hasta hoy insiste en tener ese car&#225;cter. Pero su estilo de amalgama interna no lo provee exactamente de lo que es el signo frentista por excelencia, que es un hilo que enhebra en un soplo sutil diversas acciones heterog&#233;neas y solo conectadas espont&#225;neamente entre s&#237;. Sin duda, en los a&#241;os en que se mantuvo despojado del poder del Estado (cuando el Estado era apenas una fantasmagor&#237;a, un jerogl&#237;fico borroso del pasado) fue frentista. Pero casi sin saberlo, sin decirlo, o admiti&#233;ndolo con restricciones. Es que el nombre que portaba ten&#237;a una plenitud que lo ampliaba al infinito pero le daba fronteras expl&#237;citas. De todos modos, numerosas izquierdas de la &#233;poca hicieron diversas experiencias con un frentismo impl&#237;cito en el seno del peronismo, que amag&#243; rechazarlas pero las admiti&#243; en su lenguaje reivindicante: el ejemplo son los programas de Huerta Grande y La Falda, que los memoriosos, nunca escasos en este pa&#237;s, recordar&#225;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No era exactamente el tipo de Frente de Liberaci&#243;n Nacional que imperaba en el mundo en esa &#233;poca, cuya marca registrada proven&#237;a de Argelia, la Argelia de Fanon y de Sartre. En nuestro pa&#237;s, esa figura del FLN se convirti&#243; en un a&#241;orado y apetecido sintagma, pues en su forma cl&#225;sica involucraba a las clases subordinadas al poder colonial, invocaba la formaci&#243;n de una identidad &#8220;descolonizada&#8221; y aportaba una fenomenolog&#237;a de la violencia cuya vibraci&#243;n era la reconstrucci&#243;n de un sujeto colectivo. Pero sin serlo, pues las realidades latinoamericanas no consent&#237;an tan f&#225;cilmente con la realidad de un ej&#233;rcito de ocupaci&#243;n exterior, y hab&#237;a que darle ese nombre a las propias fuerzas armadas del pa&#237;s. Por eso, el &#8220;FLN&#8221; se convirti&#243; en lo que llamamos el &#8220;modo impl&#237;cito&#8221; del aglutinamiento de fuerzas reconstructivas de la naci&#243;n, lo que revert&#237;a inevitablemente sobre el peronismo. Lo convert&#237;a en el centro de ese frente y lo obligaba a incorporar definiciones que originariamente no pose&#237;a. Especialmente en la reconversi&#243;n del concepto de &#8220;tercera posici&#243;n&#8221; en &#8220;tercermundismo&#8221;. El primero era geopol&#237;tico, el segundo ideol&#243;gico-cultural.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por eso, el frentismo argentino siempre fue un impl&#237;cito social, una utop&#237;a que rodeaba como un halo deseado e imposible las verdaderas amalgamas que se propon&#237;an como frentistas, pero se encontraban con el obst&#225;culo de que ellas mismas se constitu&#237;an en el propio cierre de su experiencia. Nuevamente hay que volver al ejemplo del peronismo. Bajo ese colmado nombre se desarrollaba una experiencia notoriamente frentista &#8211;en su origen, despliegue, diseminaci&#243;n y nueva retenci&#243;n aglutinante de sus significados&#8211;, pero su modo real de existencia era el del goce de su identidad ampliada y consumada, bajo un sello definitivo. As&#237; tambi&#233;n proced&#237;a la l&#243;gica de sus cambios, pues si todo ya estaba cumplido, pod&#237;a ser tan pl&#225;stica, que pod&#237;a tomar o absorber el neoliberalismo u otras consignas de la globalizaci&#243;n, sin creer que se desmoronaba un centro esencial de su cultura pol&#237;tica originaria. La que en su propia literatura supo denominarse &#8220;el d&#237;a maravilloso&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En estos graves momentos, deber&#237;a entenderse por la expresi&#243;n &#8220;frente ciudadano&#8221;, una invitaci&#243;n a revisar los anteriores intentos frentistas y de interrogar al peronismo por sus vetas de esa &#237;ndole, pasadas o presentes, en especial las que lo aproximaron a las sensibilidades de izquierda, locales y mundiales. Implica esto abrir un cofre de la historia, donde hallamos ese nombre y otros. Y tambi&#233;n letras del alfabeto que seg&#250;n el caso son deshonradas o reverenciadas. Abrirlo con una llave &#8220;ciudadana&#8221; (el aire de la libertad) que al parecer tendr&#237;an un componente inexpresivo, meramente incoloro. Porque sabemos que el ideal ciudadano lleva en su condici&#243;n una ausencia notoria de lo que hay de energ&#237;a social, nacional, clasista, laboral o proletaria, como hubi&#233;ramos dicho antes seg&#250;n el idioma que habl&#225;ramos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero ahora no es as&#237;, pues su fuerza es t&#225;cita y memor&#237;stica. Solo obliga a la disponibilidad, es decir, a ser exonerados mutuamente de prejuicios y procurar nuevos entornos de revinculaci&#243;n. El Frente Ciudadano, precisamente por su car&#225;cter urgente &#8211;de serena intranquilidad pol&#237;tica&#8211;, es nuevamente una gran fuerza impl&#237;cita que recorre a todas las dem&#225;s, es un acto de averiguaci&#243;n e interpelaci&#243;n, cuyo &#250;nico centro politizante, es la espec&#237;fica memoria de haberse lanzado esa idea en Plaza P&#250;blica. No la tradicional Plaza a la que siempre concurrimos, sino en esa extra&#241;a localizaci&#243;n topogr&#225;fica que componen la Estaci&#243;n Retiro, la Casa de la Moneda, la Iglesia Stella Maris, el edificio de la Marina y los Tribunales que ocupan la gris construcci&#243;n de la antigua Vialidad Nacional. Esta zona deste&#241;ida, amarga y oscura del urbanismo argentino, hecha de retazos y sobras, contiene sin embargo, muchas de las inc&#243;gnitas del pasado nacional, sus instituciones econ&#243;micas, viales, portuarias, jur&#237;dicas, religiosas, militares y financieras. Fue oportuno decir all&#237; ciertas palabras. No ignoro que el frente ciudadano tiene como reverso de su moneda la cara del frente patri&#243;tico. As&#237; se lo enunci&#243;, con esa dif&#237;cil reversibilidad. Pues bien, el enunciado fue frentista, esto quiere decir que en la dimensi&#243;n ciudadana, est&#225; disponible su dorso patri&#243;tico. Al dec&#237;rselo de esa doble manera, no se abandona la libertad de opci&#243;n, la poderosa libertad de escoger los nombres en la variedad que los caracteriza, con lo que la expresi&#243;n frentista se torna un horizonte nuevo del pensar y actuar en com&#250;n.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>Kagemusha</title>
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		<dc:creator>Horacio Gonz&#225;lez</dc:creator>


		<dc:subject>Enfoque</dc:subject>

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&lt;p&gt;Ya fue mencionada la coincidencia del nombre de la empresa offshore de los Macri con el nombre de una de las mayores pel&#237;culas de Kurosawa. Coinciden las fechas de fundaci&#243;n de estas empresas en la sombra con el film japon&#233;s, de principios de los 80, sobre el &#8220;guerrero en la sombra&#8221;. &lt;br class='autobr' /&gt; Pero ser&#237;a demasiado pedirle a un grupo empresarial de trastienda que presente una devoci&#243;n cin&#233;fila de tal envergadura, que a sus otras empresas se vea habilitado para llamarlas Rashomon o Ran (basada en el (&#8230;)&lt;/p&gt;


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 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Ya fue mencionada la coincidencia del nombre de la empresa offshore de los Macri con el nombre de una de las mayores pel&#237;culas de Kurosawa. Coinciden las fechas de fundaci&#243;n de estas empresas en la sombra con el film japon&#233;s, de principios de los 80, sobre el &#8220;guerrero en la sombra&#8221;.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Pero ser&#237;a demasiado pedirle a un grupo empresarial de trastienda que presente una devoci&#243;n cin&#233;fila de tal envergadura, que a sus otras empresas se vea habilitado para llamarlas Rashomon o Ran (basada en el rey Lear), cosa que no sucedi&#243; y hubiera revelado en esta familia de astutos comerciantes una indecible pasi&#243;n shakespeareana, que hasta ahora nadie pudo apreciar en su vida p&#250;blica. No obstante, hay un hilo no totalmente imperceptible entre el tema de Kurosawa y la actitud de estos empresarios offshore, que hoy gobiernan un pa&#237;s. Se trata de la sustituci&#243;n de identidad, el v&#237;nculo secreto entre el granuja sagaz y el dignatario que se muestra impoluto a la luz del d&#237;a. La base de esta reconocible leyenda del &#8220;pr&#237;ncipe y mendigo&#8221; no precisa mayores explicaciones, pues la televisi&#243;n mundial trata casi exclusivamente de ella.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El tono conmovedor del tema de Kurosawa, tomado de antiguos relatos fundados en la paradoja moral por excelencia &#8211;un ingenioso ratero puede hacer perfectamente de gran comandante en la batalla&#8211; alude al poder de los s&#237;mbolos &#8211;hoy la prensa dir&#237;a el poder del &#8220;relato&#8221;&#8211; artificio por el cual el impostor no es solamente un impostor, sino que en el fondo, un poquit&#237;n borgeanamente, guarda la verdad de lo que reemplaza. Tratando de sacarle el aspecto de leyenda imperecedera, Marx intent&#243; algo parecido en el &#8220;18 Brumario&#8221;, pero con poca simpat&#237;a hacia el &#8220;impostor&#8221;, el &#8220;sobrino&#8221; de Bonaparte. En el film de Kurosawa, el impostor (impostor nombrado como jefe militar por la necesidad de los nobles del Imperio de reemplazar al fallecido Emperador, con el cual este personaje marginal tiene un parecido f&#237;sico) es reconocido como tal por un diminuto rasgo f&#237;sico faltante. Una criada, cuando va a auxiliarlo porque cae del caballo, descubre la inexistencia de la cicatriz en su pierna, que el jefe original pose&#237;a. Este episodio est&#225; inspirado en el gran Mito de Ulises cuando llega disfrazado a Itaca. En el film ocurre cuando el impostor ya se siente en condiciones de sustituir el original, pues la leyenda es sabia: no hay &#8220;original&#8221;, pues &#233;ste siempre puede ser relevado por otro que haga mejor su papel. Pero el obst&#225;culo para que se fusionen original y copia siempre es peque&#241;o, imperceptible, y es un personaje bajo y desde&#241;able, el que cumple el necesario papel de ver el embuste de Estado: un criado, una empleada dom&#233;stica, que doctamente conoce los peque&#241;os detalles de la historia familiar, la intimidad del cuerpo de los reyes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es evidente que las formas m&#225;s aciagas del capitalismo tienen un elevado grado ficcional y sustituci&#243;n fant&#225;stica de nombres, prop&#243;sitos y acciones. No pueden dejar de inventarse personajes, con formas vicarias o presidenciales, o ambas superpuestas, pues si en sus avatares anteriores eligen la figura del &#8220;uomo qualunque&#8221; ahora les sienta mejor la del &#8220;impostor digno&#8221;. Del que ya sabe que su ser provisorio siempre es tan id&#233;ntico a su papel de fantas&#237;a, que no se preocupa en apaciguar las huellas anteriores de c&#243;mo se construy&#243; esa misma fantas&#237;a. Creyeron que ya lo ten&#237;an todo, que pod&#237;an burlarse del pasado y ponerse nombres de pel&#237;cula, pero en alg&#250;n momento iba a aparecer &#8220;la cicatriz de Ulises&#8221; y los propios especialistas en la impostura &#8211;portadores de la &#8220;lanza medieval&#8221; con la que agrietan gobiernos&#8211; se ven obligados a decir atemperadamente todo lo que antes le dedicaron a los que era el turno anterior para descartar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ahora, los custodios de la identidad pr&#237;stina de la cosas (esa coalici&#243;n universal de periodistas) pueden verse tambi&#233;n ante la pregunta sobre qu&#233; remota cicatriz desconocida est&#225; presente tambi&#233;n en la actitud del profesional de la denuncia permanente. &#191;Es una nueva profesi&#243;n? &#191;Es el &#225;ngel de la Historia? &#191;Es el espectro de los justos de la Humanidad? Es un gran &#225;mbito existencial en el que nadie deja alguna vez de enredar sus fulminaciones, aparentemente sin m&#225;cula. Ahora obligan a dar acrob&#225;ticas explicaciones a presidentes y a &#237;dolos del f&#250;tbol. Esto ocurre en el mundo global y es una de sus caracter&#237;sticas. No necesariamente hay aqu&#237; una estructura moral, tienen ni m&#225;s ni menos que la mercanc&#237;a de la propia idea de mercanc&#237;a, cual es la de descubrir los artificios de timadores profesionales, sin sacar las consecuencias formidables que aqu&#237; cabr&#237;an: &#191;C&#243;mo Kagemusha, sin tener el halo tr&#225;gico de su &#233;mulo japon&#233;s, pudo ser presidente de un pa&#237;s donde pudo transfigurarse en Balcarce? &#191;Y c&#243;mo han acertado tan ir&#243;nicamente con un Director de Biblioteca Nacional Offshore, que conoce tan bien las obras de Shakespeare?&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>Horacio Verbitsky</title>
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		<dc:creator>Horacio Gonz&#225;lez</dc:creator>


		<dc:subject>Enfoque</dc:subject>

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&lt;p&gt;Estamos acostumbrados al debate en torno del periodismo. Una vez que se tuvo la certeza absoluta del modo en que las hojas de noticias diarias influ&#237;an en la vida social aconteci&#243; un inevitable rasg&#243;n filos&#243;fico: Nietzsche, ya en la d&#233;cada del '70 del siglo XIX, protestaba contra los periodistas y su estilo de escritura dejaba claro que optaba por una experiencia de escucha profunda: la voz del mito. Algo a lo que el periodismo, lo dec&#237;a expresamente, nunca podr&#237;a llegar. No obstante, una de (&#8230;)&lt;/p&gt;


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 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Estamos acostumbrados al debate en torno del periodismo. Una vez que se tuvo la certeza absoluta del modo en que las hojas de noticias diarias influ&#237;an en la vida social aconteci&#243; un inevitable rasg&#243;n filos&#243;fico: Nietzsche, ya en la d&#233;cada del '70 del siglo XIX, protestaba contra los periodistas y su estilo de escritura dejaba claro que optaba por una experiencia de escucha profunda: la voz del mito. Algo a lo que el periodismo, lo dec&#237;a expresamente, nunca podr&#237;a llegar. No obstante, una de las cr&#237;ticas que en su &#233;poca recibiera su libro fundamental &#8211;el Nacimiento de la tragedia&#8211;, reclamaba tanto por la ausencia de an&#225;lisis cient&#237;fico como por su inesperada semejanza con el proceder period&#237;stico. Formidable paradoja.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Poco despu&#233;s, la revista La Antorcha, de Karl Kraus, revela, a modo de una gran inc&#243;gnita que arrastra la historia del periodismo hasta hoy, c&#243;mo se puede hacer un periodismo que busca constantemente las fuentes primigenias del acontecimiento, lo que es imposible sin una simult&#225;nea afirmaci&#243;n de la fidelidad narrativa al hecho, pero no menos imposible sin una cr&#237;tica obligatoria a los habituales procedimientos de relato. Otra formidable paradoja.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En general, todas las cr&#237;ticas que ha recibido el periodismo (vast&#237;sima palabra en la que caben todas las escrituras, todos los sarcasmos y todas las taumaturgias) pueden transformarse en formas superiores de periodismo. Una de ellas que ahora podemos recordar puede ser incluso el &#237;ntimo diario personal, tema sobre el cual reflexiona Piglia a prop&#243;sito del diario de Pasolini. Pero tambi&#233;n pueden ser actos espec&#237;ficos de una operatoria complacida en crear la noticia artificiosamente, pues para ello ya se cuenta con el signo vac&#237;o del g&#233;nero, los centimetrajes en blanco que esperan dar albergue a las m&#225;s pesadas sospechas y a todo el sistema de prejuicios que a menudo componen el tejido profundo de pensamientos de una redacci&#243;n. Que no necesariamente se expresa luego en los segmentos publicables, sea por un pudor lejano o por reaseguros &#233;ticos de &#250;ltima instancia. Pero en el z&#243;calo electr&#243;nico de cada nota pueden destilarse ahora los sangrientos cortejos de injurias cruzadas, que enrarecen toda la vida social.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es posible afirmar que los grandes periodistas est&#225;n siempre en el l&#237;mite de lo que se ha entendido habitualmente por periodismo. Se puede decir m&#225;s a&#250;n, que es artificiosa la propia noci&#243;n de periodismo, si descartamos las fuerzas maqu&#237;nicas que lo constituyen, las modalidades industriales que fueron su l&#243;gica sint&#225;ctica (&#8220;escribo sobre las rotativas&#8221;, dijo Arlt) o las mutaciones tecnol&#243;gicas de &#250;ltima instancia que producen insinuadas disoluciones ante las cuales se debe reaccionar, y que a&#250;n no han conseguido que sea un mero ap&#233;ndice de los procedimientos f&#237;lmicos o electr&#243;nicos. Todav&#237;a puede incorporarlos (en general sum&#225;ndose a ellos), y por eso lo hace con grandes dificultades y fuerte repercusi&#243;n en las modalidades cl&#225;sicas de escritura, con m&#225;s esfuerzos de los que notablemente requiri&#243; la fusi&#243;n de la p&#225;gina meramente tipogr&#225;fica con la fotograf&#237;a. De all&#237; result&#243; la expresi&#243;n com&#250;n, &#8220;noticias gr&#225;ficas&#8221;, y una revista se llam&#243; simplemente El Gr&#225;fico, lo que segu&#237;a el uso period&#237;stico y no matem&#225;tico o estad&#237;stico de este concepto. Gr&#225;fico (de &#8220;fotogr&#225;fico&#8221;) pas&#243; a significar la imagen que acompa&#241;a al texto, aunque en la revista que mencionamos curiosamente se transform&#243; en sin&#243;nimo de f&#250;tbol y no de un paso adelantado hacia la televisi&#243;n, un gui&#241;o tan amplio que, sin embargo, al hacerse, amenazaba a la larga a la propia revista. La televisi&#243;n sintetiz&#243; el sentido real de lo gr&#225;fico, pues adem&#225;s ingres&#243; en una zambullida repentina y gigantesca en el habla com&#250;n y cotidiana de las naciones, de las metr&#243;polis y de las poblaciones m&#225;s retiradas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Llamamos periodismo a lo que subsiste a partir de un n&#250;cleo originario de escritura que busca su propia objetividad (cierto: no hay una objetividad exterior que dicta la relaci&#243;n con la verdad del sujeto period&#237;stico) y que la busca uniendo varias formas de conciencia en un escrito que da a conocer lo que muchos deben conocer. Objetividad entonces no es algo que haya desaparecido, es la figura misma que instituye lo desconocido que, al darse a conocer como conexi&#243;n de sentido hist&#243;rico, se hace parte de la subjetividad individual y del colectivo dram&#225;tico de subjetividades que llamamos reproducci&#243;n social de la vida, el habla y el poder. Antes que se descubriera la torpe noci&#243;n de &#8220;operaci&#243;n period&#237;stica&#8221;, el periodismo sab&#237;a sufrir internamente por su indeterminaci&#243;n frente a la historia, la pol&#237;tica o la literatura, incluso ante la Justicia, cuesti&#243;n desesperante que lo llev&#243; a rondar permanentemente sobre el &#8220;yo acuso&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dijimos antes noticias gr&#225;ficas. Fue el nombre de un peri&#243;dico que durante m&#225;s de tres d&#233;cadas podr&#237;a representar el esp&#237;ritu de esa prensa escrita que pose&#237;a el secreto del equilibrio entre el testimonio gr&#225;fico y el estilo vehemente (con distintos grados de estridencia) que ten&#237;a su cuerpo textual y sus titulares. En Noticias Gr&#225;ficas comenz&#243; su labor period&#237;stica Horacio Verbitsky, en los a&#241;os '60, dedicado en su labor diaria a dar las noticias meteorol&#243;gicas. A partir de all&#237;, la meteorolog&#237;a sigue siendo tan consultada como antes, pero la mayor&#237;a prende la televisi&#243;n para informarse; en los diarios perdi&#243; vigencia. Pero en las agitadas d&#233;cadas subsiguientes una clase especial de meteorolog&#237;a, el arte de escrutar la vida de los climas sigilosos y tr&#225;gicos de la pol&#237;tica, lo sigui&#243; acompa&#241;ando a Verbitsky, desde que surgi&#243; la idea, lamentablemente hoy desfigurada, de &#8220;periodismo de investigaci&#243;n&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Como toda gran idea, el periodismo de investigaci&#243;n responde a la gran tradici&#243;n rom&#225;ntica de la escritura que emana de un protagonista individual, solitario, con olfato perruno y que, sin propon&#233;rselo, y hasta sin saber que corre riesgos en lo que hace, representa el m&#225;s fundamental de los huecos s&#243;lo potencialmente habitados de nuestro pensamiento y, por eso mismo, habitados con grados diversos de indiferencia, desvanecimiento y difuminaci&#243;n. La gran estirpe de esos periodistas corre peligro. En los &#250;ltimos a&#241;os el periodismo de investigaci&#243;n se convirti&#243; en una trepanadora destinada a destruir los horizontes civilizatorios a los que hab&#237;a llegado la trabajosa alianza entre el periodismo y las nociones de justicia que buscaban, como los viejos alquimistas, la relaci&#243;n entre la esquiva objetividad y las &#233;ticas ut&#243;pico-cient&#237;ficas. As&#237;, en alg&#250;n momento reciente de esta historia, fue incautada la idea de periodismo de investigaci&#243;n que invent&#243; Walsh y prosigui&#243; Verbitsky, por las grandes corporaciones que surgen de otro estadio de la l&#243;gica del capital. Que ya son capitales simb&#243;licos, ling&#252;&#237;sticos, hermen&#233;uticos, que representan en &#250;ltima instancia al poder financiero (en sus diversas modalidades de autocreaci&#243;n, expropiaci&#243;n de vidas y plusval&#237;as jur&#237;dico-estatales). Y esto consigui&#243; llegar al estadio final de lo que vendr&#237;a a ser la &#250;ltima graduaci&#243;n de la investigaci&#243;n sobre el individuo privado y sus estructuras ilusorias de gustos y preferencias. La pugna que se libra es ardua y oscura. Los ataques a Horacio Verbitsky son en s&#237; mismos tan graves como injustificables. Pero lo que los hace m&#225;s infaustos es que significan tambi&#233;n la p&#233;rdida devastadora de la forma cl&#225;sica del periodismo, en nombre de las nuevas torres de control desde las que emanan &#243;rdenes precisas de destrucci&#243;n de personas.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>Vidas paralelas: Lula y Cardoso</title>
		<link>http://dev0.cta.org.ar/vidas-paralelas-lula-y-cardoso.html</link>
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		<dc:creator>Horacio Gonz&#225;lez</dc:creator>


		<dc:subject>Breve</dc:subject>

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&lt;p&gt;Podemos, estos d&#237;as, asistir a un momento dram&#225;tico pero privilegiado de la historia contempor&#225;nea brasile&#241;a. En cierto sentido, se encarna en dos hombres: Lula y Fernando Henrique Cardoso. El primero se expresa en Dilma Rousseff, el segundo ya tuvo diversos vicarios: Jos&#233; Serra, el gobernador del Estado de San Pablo Alkmin, ahora A&#233;cio Neves, el &#8220;se&#241;orito&#8221;, el filhinho de papai. &lt;br class='autobr' /&gt; Hace muchos a&#241;os, cuando Lula reci&#233;n surg&#237;a con su gorrito de ferroviario (era metal&#250;rgico y hasta el momento (&#8230;)&lt;/p&gt;


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&lt;a href="http://dev0.cta.org.ar/+-breve-+.html" rel="tag"&gt;Breve&lt;/a&gt;

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 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Podemos, estos d&#237;as, asistir a un momento dram&#225;tico pero privilegiado de la historia contempor&#225;nea brasile&#241;a. En cierto sentido, se encarna en dos hombres: Lula y Fernando Henrique Cardoso. El primero se expresa en Dilma Rousseff, el segundo ya tuvo diversos vicarios: Jos&#233; Serra, el gobernador del Estado de San Pablo Alkmin, ahora A&#233;cio Neves, el &#8220;se&#241;orito&#8221;, el filhinho de papai.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Hace muchos a&#241;os, cuando Lula reci&#233;n surg&#237;a con su gorrito de ferroviario (era metal&#250;rgico y hasta el momento s&#243;lo organizaba las fiestas de su sindicato), vociferando discursos en los que mezclaba el sentido com&#250;n reivindicativo y una peculiar intuici&#243;n pol&#237;tica (hablaba en estadios repletos de obreros de las automotrices alemanas en los suburbios paulistas), Fernando Henrique Cardoso intentaba sus primeros escarceos en la pol&#237;tica electoral. Era un prestigioso intelectual al que la dictadura militar le hab&#237;a impedido dar clases en la universidad, que hab&#237;a publicado en el exilio chileno lo que ser&#237;an sus famosas tesis sobre la &#8220;teor&#237;a de la dependencia&#8221;, y que tiempo antes &#8211;si las fotos sirven de extra&#241;o emblema que congela un instante de vida para tornarlo arquetipo&#8211; se lo ve&#237;a escuchando a Sartre en su visita a Brasil, sentado en primera fila.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cardoso hab&#237;a hecho su tesis por la Universidad de San Pablo sobre la esclavitud en el sur de Brasil; hab&#237;a sido auspiciado por Florestan Fernandes, viejo maestro de la sociolog&#237;a marxista, a&#241;os despu&#233;s diputado por el PT. Luego, en sus conocidos trabajos sobre la dependencia, se hab&#237;a inspirado en Prebisch y el pensamiento desarrollista m&#225;s refinado, puesto en duda en la Argentina por el politicismo reinante en los &#225;mbitos gen&#233;ricamente denominados nacional-populares, pero arraigado muy expl&#237;citamente en la academia y los intelectuales brasile&#241;os. (Hay que agregar que en los a&#241;os '60 Jauretche, quien hab&#237;a acusado a Prebisch de &#8220;retorno al coloniaje&#8221;, intenta cierta relectura de sus trabajos fundamentales.) Cardoso coqueteaba tambi&#233;n con algunos despuntes de un desarrollismo populista, nunca exactamente definidos as&#237;, pero su idea de &#8220;dependencia&#8221;, muy tempranamente hab&#237;a revelado que &#8211;al no ser el imperialismo solo externo sino una &#8220;categor&#237;a interna&#8221; de la sociedad de cada pa&#237;s&#8211; deber&#237;a haber entonces un tipo de alianza social que en cada caso pudiera aprovechar la complejidad de la relaci&#243;n entre las clases sociales, para producir rupturas culturales y pol&#237;ticas en un marco hist&#243;rico no determinista. (Nuestro recordado Roberto Carri, por la misma &#233;poca, quiz&#225;s por influencia de estas opiniones, dec&#237;a lo mismo pero la ruptura de la &#8220;forma interna imperialista&#8221; deb&#237;a hacerse con el comando de la clase obrera, primero sindicalizada, y luego la que fuera capaz de expresarse en forma m&#225;s dram&#225;ticamente anti-institucional.)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Francisco Weffort, un soci&#243;logo de las ideas econ&#243;micas, conocedor del pensamiento de Rosa Luxemburgo, hace m&#225;s de medio siglo hac&#237;a esta misma cr&#237;tica sobre la omisi&#243;n de la teor&#237;a de la dependencia del sujeto obrero. We-ffort fue el m&#225;s destacado intelectual de los comienzos del PT. Sin embargo, en los a&#241;os &#8216;90, a&#241;os del cardosismo neoliberal, coincidente con el menemismo argentino, pas&#243; a ser ministro de Cultura de Cardoso, acatando el silencioso llamado que hacen las crepitaciones mundiales conservadoras a las elites intelectuales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los inicios de Lula, como dirigente obrero de masas, est&#225;n marcados por la tensi&#243;n con Fernando Henrique Cardoso, que aspira a saltar de la alta academia a la laboriosa e intrincada arena pol&#237;tica brasile&#241;a, y para eso considera el surgimiento del nuevo proletariado brasile&#241;o &#8211;que romp&#237;a con la herencia de Vargas, que en su costado m&#225;s democr&#225;tico social representaba Brizola&#8211; como su natural aliado. Son tiempos en que busca a Lula; lo imagina como la porci&#243;n de esa gran alianza social democratizadora que no podr&#237;a encabezar un obrero nordestino &#8220;sin preparaci&#243;n&#8221;, como dir&#237;a despu&#233;s cuando las campa&#241;as electorales los enfrentaban. Cardoso ya actuaba aplicando expl&#237;citamente el giro neodesarrollista liberal que potencialmente estaba encerrado en los pliegues &#237;ntimos de su &#8220;dependentismo&#8221;, habiendo adquirido entonces el poderoso aspecto de una tesis sobre la &#8220;sociedad civil activa&#8221;, que ten&#237;a remotos rasgos gramscianos de derecha.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lula es su propio te&#243;rico. &#8220;La clase obrera precisa su propio partido.&#8221; Y al formarse el PT y presentarse en las elecciones para el fundamental municipio de San Pablo, le resta a Cardoso &#8211;el candidato natural de la &#8220;democratizaci&#243;n y apertura&#8221; con la que comenzaba la retirada del r&#233;gimen militar&#8211; los votos necesarios para su triunfo, permitiendo que asumiera la intendencia el populista, derechista e histri&#243;n Janio Quadros. All&#237; Lula se convierte en el fantasma de Cardoso, el disc&#237;pulo que no pudo ser, y su adversario m&#225;s contundente. Ven&#237;a Lula de la experiencia de los migrantes nordestinos de los a&#241;os '60, con su sabidur&#237;a socr&#225;tica obtenida mientras viajaba en la caja de los camiones, y el mote prejuicioso contra el movimiento intelectual (&#8220;obrero en f&#225;brica; intelectual en universidad&#8221;), luego urgentemente corregido. As&#237;, en los comienzos del PT se vuelca a su favor buena parte de la Universidad de San Pablo, no solo el mencionado We-ffort y la desde entonces fiel aliada de Lula, la important&#237;sima fil&#243;sofa Marilena Chau&#237; (bien conocida por el lector argentino), sino que se pueden recordar las charlas de formaci&#243;n pol&#237;tica que en su viaje por Brasil daba a las huestes inici&#225;ticas de PT el fil&#243;sofo franc&#233;s F&#233;lix Guattari con sus &#8220;m&#225;quinas productoras de subjetividad&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sobre la contraposici&#243;n Lula-Cardoso y sus diversas proyecciones simb&#243;licas, se jug&#243; la pol&#237;tica brasile&#241;a en las d&#233;cadas siguientes, a la manera perseverante de los eternos duelistas. Cardoso hab&#237;a completado el giro que ya insinuaban sus primeras teorizaciones, hacia un neoliberalismo globalizante, enemigo de lo que llamaba con desprecio &#8220;el tercermundismo revolucionario&#8221; (lo he escuchado decir esa frase alojada en el &#233;nfasis que describo) y que ten&#237;a raz&#243;n al decir que rechazaba haber dicho &#8220;rechazo todo lo que escrib&#237; antes&#8221;. No era verdad que se hab&#237;a apartado tanto de sus comienzos, ni de su herencia familiar &#8211;las campa&#241;as por el nacionalismo petrolero de los a&#241;os '50, aunque medio siglo despu&#233;s el privatizador haya sido &#233;l&#8211; y por momentos segu&#237;a diciendo &#8211;en frase que hab&#237;a tomado de otros&#8211; que &#8220;antes de escribir cualquier cosa que sea, consulto el 18 Brumario de Marx&#8221;. Es que hay una lectura de este gran texto, acentuando hasta las &#250;ltimas consecuencias la idea de &#8220;fracciones de clase&#8221;, y abandonando el asombroso ritmo dialectizado de la escritura de Marx, que bien podr&#237;a considerarse como una interpretaci&#243;n derechizada que con una &#8220;sumatoria de fracciones de clase&#8221; compondr&#237;a la &#8220;sociedad civil heterog&#233;nea de la era de la globalizaci&#243;n&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lula, en cambio, se convirti&#243; en un agudo dirigente que enseguida capt&#243; el sentido que le daba Cardoso al duelo personal y colectivo que estaba en curso. Su respuesta era: los obreros pueden y deben gobernar, no deben aceptar el chantaje de los estamentos intelectuales que realizaron su transformismo &#8211;tan complejo como fuere&#8211; hacia los dominios de las fuerzas econ&#243;micas, financieras y comunicacionales que antes repudiaban como malas f&#243;rmulas de la &#8220;modernizaci&#243;n&#8221;. Construy&#243; Lula una gran maquinaria electoral (a la que al principio aportaron los &#8220;setentismos&#8221; vacantes, las comunidades eclesi&#225;sticas de base y las diversas izquierdas sociales, en donde brillaba su chispeante expresividad surgida de un humanismo social realista), en la que su jefatura era la de un primus inter pares y donde a&#250;n hoy es el encargado de responder a las pobres temeridades de Cardoso (&#8220;los nordestinos no votan mal por ser pobres sino por estar mal informados&#8221;), afirmando con gracia lo que es su especialidad: el despliegue de una autoafirmaci&#243;n de lo popular que pasa por evocar otras sabidur&#237;as de la &#8220;escuela del sentido com&#250;n&#8221;, sostenida por una espont&#225;nea emotividad y con otros lenguajes que el PT contiene, como la cr&#237;tica a la &#8220;invenci&#243;n de tradiciones&#8221; de Marco Aurelio Garc&#237;a &#8211;el par brasile&#241;o del boliviano Garc&#237;a Linera&#8211;, como testimonio de la modernidad del PT (tema sin duda que ofrece grandes discusiones) y la cr&#237;tica a la &#8220;teor&#237;a de la informaci&#243;n&#8221; de Marilena Chau&#237;, que hay que decirlo, es posible que conviva laboriosamente con el desarrollismo nacional democr&#225;tico que hoy encarna el PT.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dilma Rousseff es otra interesante biograf&#237;a que aporta su itinerario propio a este &#8220;18 Brumario brasile&#241;o&#8221;. Se inicia en los m&#225;s conocidos grupos insurgentes de los a&#241;os '60, se inscribe luego en el partido de Brizola en R&#237;o Grande del Sur y despu&#233;s, como &#8220;economista de la planificaci&#243;n&#8221;, pasa al PT. Posee seriedad y fuerza argumentativa de gran administradora, y lo que falta en emotividad espont&#225;nea, lo aporta la agudeza de la &#8220;dramatis persona&#8221; de Lula. Fue castigada por arduos procesos de corrupci&#243;n en su propio partido, hoy un archipi&#233;lago de tendencias donde domina el lulismo de los or&#237;genes. Aqu&#233;l es un flanco d&#233;bil que obedece a los nunca resueltos temas de financiamiento de los grandes partidos de pa&#237;ses como Brasil, donde el concepto de &#8220;potencia&#8221; no es ajeno al lenguaje petista.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cardoso nunca tuvo la exquisitez como economista que s&#237; caracteriz&#243; a Celso Furtado. Su relaci&#243;n con A&#233;cio Neves es patriarcal, y tiene que conformarse con haberle sustra&#237;do a Lula una pieza fundamental, pero que revela la complejidad del tapiz pol&#237;tico brasile&#241;o: la vol&#225;til Marina Silva, ecologista de izquierda y apoyada por la derecha financiera y los poderosos lenguajes pastorales. La relaci&#243;n de Lula con Dilma, no exenta de problemas, es en cambio de naturaleza igualitaria y apunta, en germen, a ser el s&#237;mbolo de la reconstrucci&#243;n de los inter-lazos personales en los dirigentes pol&#237;ticos m&#225;s encumbrados del m&#225;s que enmara&#241;ado movimiento popular brasile&#241;o. Lula es el latinoamericanista de un mundo complejo. Neves es la globalizaci&#243;n de Cardoso introduciendo el desarmadero general de las ideas, en un Brasil que con ellos se apartar&#237;a de un d&#237;a para otro de su destino sudamericano. No caben dudas de para qui&#233;n va nuestro voto.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>El linchador</title>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Horacio Gonz&#225;lez</dc:creator>


		<dc:subject>Noticia 4 - Despacho</dc:subject>
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&lt;p&gt;&#191;Se podr&#237;a esperar que los m&#225;s diversos medios de comunicaci&#243;n, que los partidos de oposici&#243;n, que las personas con voz p&#250;blica en general, no condenaran los diversos casos de linchamiento y &#8220;ajusticiamiento&#8221; por mano propia que han acontecido? Por supuesto que no, hechos de esta &#237;ndole rebajan el horizonte asociativo de cualquier comunidad de una forma notoriamente imp&#250;dica. &lt;br class='autobr' /&gt; Le avergonzar&#237;a no censurarlos a cualquier pol&#237;tico, periodista o ciudadano com&#250;n. Repudiarlos forma parte de un (&#8230;)&lt;/p&gt;


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 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;&#191;Se podr&#237;a esperar que los m&#225;s diversos medios de comunicaci&#243;n, que los partidos de oposici&#243;n, que las personas con voz p&#250;blica en general, no condenaran los diversos casos de linchamiento y &#8220;ajusticiamiento&#8221; por mano propia que han acontecido? Por supuesto que no, hechos de esta &#237;ndole rebajan el horizonte asociativo de cualquier comunidad de una forma notoriamente imp&#250;dica.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Le avergonzar&#237;a no censurarlos a cualquier pol&#237;tico, periodista o ciudadano com&#250;n. Repudiarlos forma parte de un necesario intento de autoeximici&#243;n. Desde la opini&#243;n mejor elaborada hasta la del mero &#8220;bien pensante&#8221; que no desea atisbos que sorpresivamente percibir&#237;a como propios del &#8220;germen del fascismo&#8221;. Ese repudio est&#225; al alcance de nuestra palabra para restituir un mendrugo no escaso de sensatez ante la ferocidad gratuita; ofrecer y ofrecernos una compensaci&#243;n ante el desgarr&#243;n de lo humano que ha sufrido en el pa&#237;s la norma cultural no escrita, la magna clave simb&#243;lica de la coexistencia rec&#237;proca.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, muchas veces condenamos por una obligaci&#243;n c&#237;vica &#8211;llam&#233;mosla contractual&#8211; a un conjunto de hechos abyectos que en nuestro manojo sumergido de deseos podr&#237;amos llegar a ver con secreta satisfacci&#243;n. Veamos a prop&#243;sito de esta cuesti&#243;n la relaci&#243;n entre el Estado y la inquietante o t&#225;cita ley del deseo que s&#250;bitamente moviliza el linchador, entendido no como sujeto real sino encarnaci&#243;n de oscuras exhalaciones sociales y figura conceptual de la historia contempor&#225;nea del miedo en las metr&#243;polis. No es ninguna &#8220;persona&#8221; en especial sino ese lugar vac&#237;o en la sociedad que ocupa no s&#243;lo el que persigue al ladr&#243;n, figura tradicional, algo buchona, que en su esmirriada exhibici&#243;n de iracundia ante un delito que motiva su magn&#225;nima acci&#243;n p&#250;blica corre detr&#225;s del caco. No, nos referimos a la membrana que se ha roto cuando esa figura, puede ser esa misma u otra, se convierte en un demiurgo del suplicio: de ciudadano celoso pasa en un solo acto a polic&#237;a que inmoviliza, pega y violenta, y a verdugo que siente el aleteo de una invisible delegaci&#243;n para machucar un rostro hasta el fin. Hasta matar. Tres figuras en una, transmutaci&#243;n que resume estados de conciencia, textos quebrados en nuestra intimidad, fantasmas desabridos que recorren nuestras venas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Arriesguemos la hip&#243;tesis de que ello no ocurre solamente por la complejidad de la conciencia humana. Abundan estilos de comportamientos velados o estilos inconscientes, que no pocas veces fundan un sentido de lo pol&#237;tico por el cual se repudia por un lado lo que sigilosamente se festeja por otro. En cierto sentido, &#233;ste constituye un procedimiento de la ret&#243;rica profunda de los medios de comunicaci&#243;n. No es que ellos sean &#8220;culpables de los linchamientos&#8221; &#8211;si es que alguien lo es, lo veremos&#8211; sino que en su textura intr&#237;nseca no declarada y no enteramente reflexionada se encuentra el siguiente artilugio: se debe actuar con un c&#243;digo de condena de lo inhumano, la plataforma moral m&#237;nima ligada al ser gen&#233;rico del hombre; pero (podr&#237;an pensar los &#8220;grandes medios&#8221;) los mundos s&#225;dicos, perversos u horrendos, son la estructura de comprensi&#243;n b&#225;sica del mundo que habitamos y sobre la que indagamos, porque es algo de &#237;ndole folletinesca, ejemplarmente sombr&#237;o y pulsional, que figurativamente ser&#237;a nuestra materia prima, algo de &#8220;nuestra propiedad&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esos mundos espeluznantes que se invocan equivaldr&#237;an a los conductos de circulaci&#243;n de oscuros instintos, el sustento de numerosas publicaciones o fuerzas comunicacionales globales, no s&#243;lo las llamadas &#8220;amarillas&#8221; por su vocaci&#243;n moral ambigua sino las que por su estructura de intereses, no s&#243;lo pol&#237;ticos sino expresivos, escriturales y de consumo de su mercanc&#237;a textual, operan una necesaria escisi&#243;n en la formaci&#243;n del juicio; linchar est&#225; mal, pero sabemos que mostrar una y otra vez el linchamiento recoge, como la b&#250;squeda del lingote en el basural, la atenci&#243;n de millones de mudas conciencias que reclaman un alimento sacrificial calificado: saber tambi&#233;n ellas qui&#233;nes son, qui&#233;nes son los muertos de su apat&#237;a, de sus agon&#237;as personales o de esos recorridos t&#225;citos que una vida desesperanzada abre como fisuras del alma. &#8220;Esta noche mato a alguien que ha robado.&#8221; Y, de paso, se responsabiliza al Estado. &#191;Para qu&#233; est&#225;, si no?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay incesantes interpretaciones pol&#237;ticas que se&#241;alan &#8220;el Estado ausente&#8221;, &#8220;la p&#233;rdida del contrato social&#8221;, &#8220;la anomia&#8221;, &#8220;el nido de la serpiente&#8221;, ilustres conceptos de varios siglos de teor&#237;a social o de modernas filmograf&#237;as, que son r&#225;pidamente invocados no sin fundamentos, pero con jactancias inocentes que se revelan al poner r&#225;pidos titulares acad&#233;micos para lo que realmente quieren decir: una contrapartida que muestra hacia d&#243;nde va la saeta envenenada. Contra la &#8220;irracionalidad o barbarie&#8221; del poder p&#250;blico. A lo cual se agrega otro concepto de cursantes de primer grado de sociolog&#237;a, nivel en que vertiginosamente se ha situado buena parte de la clase pol&#237;tica: &#8220;Se carece del monopolio de la violencia leg&#237;tima&#8221;. Ninguno de estos pareceres indica la verdadera gravedad de lo ocurrido, y habla m&#225;s de la improvisaci&#243;n de quienes emiten estas definiciones que de aquello que exige ser explicado, que es alusivo a la grieta civilizatoria que tr&#225;gicamente se ha abierto en el pa&#237;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un pa&#237;s recorre varias gradaciones por debajo de los prefijos m&#225;s relevantes de la condici&#243;n humana cuando en su seno ocurren estas im&#225;genes. Im&#225;genes, decimos, no porque no sean hechos realmente ocurridos sino porque otra cosa significan cuando se transforman en im&#225;genes. Algo necesario, por un lado, pues son noticias y deben darse a conocer. Pero en su reiteraci&#243;n (y los medios masivos son esencialmente repetici&#243;n, glosa, autorreferencia y multiplicaci&#243;n diseminadora de un leitmotiv central, de una cita primitiva engendradora) ya introducen una cuesti&#243;n de la &#233;tica de exhibici&#243;n de los hechos. Es el gran tema del culto que trataron las grandes religiones formadoras de la moral humana. La proliferaci&#243;n autom&#225;tica de un &#250;nico gesto inici&#225;tico. En el torpe balbuceo repetidor de la imagen del acto criminal yacen f&#243;rmulas ya sabidas de castigo, deseos rec&#243;nditos de imitaci&#243;n, juicios r&#225;pidos fuera de cualquier normatividad heredada de vetustas ret&#243;ricas jur&#237;dicas y, especialmente, el florecimiento de s&#243;rdidos tribunales de esquina. Fan&#225;ticos, tenebrosamente deseantes, inmediatistas, sin veladuras, como emanados del grupo de alegres bebedores del pico de una botella, contrafiguras complementarias que suelen verse en las publicidades masivas de cerveza y otros inocentes elixires. Y dando un paso m&#225;s all&#225;, de la industria de la seguridad, el nuevo commodity de las grandes f&#225;bricas de vigilancia mundial, el equivalente sojero en materia de ordenadores de la conciencia mundial que tienen en su instalaci&#243;n alarmista casi una eficacia papal, adem&#225;s de su fuerza pan&#243;ptica que hoy casi resume los l&#237;mites de escasez en que se mueven las clases pol&#237;ticas, cuyo pensamiento podr&#237;a caber en las proporciones c&#250;bicas de las de una c&#225;mara de seguridad. Son la NATO en diminutivo, pero en la esquina de cada barrio o el interior de cada casa filmada por el cine de la seguridad 24 horas diarias.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No hay, decimos, culpables a la vista, pero hay multiplicada gravedad. Hay arquetipos inconscientes. Lo que ocurre necesita imagen y es de fuerte visibilidad. Al contrario de la degradaci&#243;n humana que introdujo el terror militar en los &#8216;70, que necesitaba de su invisibilidad para intimidar, del lugar vac&#237;o y no de lo p&#250;blico y notorio. La eficacia rec&#243;ndita del an&#243;nimo pateador de la cabeza de un ladronzuelo sangrante en el pavimento es lo contrario-complementario de lo que precis&#243; la napa profunda de la sociedad para saberse aterrorizada hace treinta a&#241;os: lo incorp&#243;reo, lo et&#233;reo inimaginable, la sangre no vista. Lo visible, ahora, es un llamado del destino. &#191;Hay esa clase de dioses acaso? No, pero est&#225;n los medios de comunicaci&#243;n masivos, el capitalismo inform&#225;tico, que quiz&#225; sin saber acumula signos como plusval&#237;as ic&#243;nicas de coacci&#243;n. Organos de destino que implican llamados hacia la fisura social abierta para que el arquetipo se encarne. Que alg&#250;n inocente (en su aciaga brutalidad) cumpla los roles m&#225;s patibularios, se los atribuya, sin que ello signifique culpabilidad expl&#237;cita, pero pueda significar una pobre apuesta pol&#237;tica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Es el Estado culpable? No lo es, ni lo son los medios, pero en un caso de culpabilidad destinal &#8211;es decir, se trabaj&#243; largamente en la sociedad argentina para crear la grieta que llam&#243; a algunas gentes que rellenaron al arquetipo que los reclamaba&#8211; es mucho m&#225;s grave lo ocurrido. Hay culpables sin culpabilidad y culpabilidad sin culpables. El tema es jur&#237;dico, medi&#225;tico, moral y ret&#243;rico a la vez. Un hu&#233;rfano pelot&#243;n de pol&#237;ticos hace del desa-brigo conceptual su virtud: los medios hablan por ellos, instituyen por ellos, dicen lo que es la justicia por ellos y tambi&#233;n por los jueces, operan su condici&#243;n sustituta con tranquilidad pues se las ha reclamado, se las ha pedido. El Estado, en tanto, habla por sus propias fuerzas, concibi&#233;ndolas d&#233;biles: &#8220;Falta inclusi&#243;n social&#8221;. Lo que todav&#237;a no podemos escuchar es que nos diga, adem&#225;s del necesario tema inclusivo, qu&#233; otras fronteras imaginarias hay que atravesar, qu&#233; otras indagaciones en la estratificaci&#243;n social profunda hay que realizar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ocurri&#243; en la Argentina un rasg&#243;n de lo humano sin m&#225;s, y todos retrocedimos uno o varios pelda&#241;os de una escala de convivencia que siempre fue complicada. El linchador es ahora un lugar vac&#237;o, una pieza rellenable por pobres usos pol&#237;ticos con abismal sentido desp&#243;tico. El linchador, espectro que recorre la sociedad argentina, es evanescente y escurridizo, est&#225; en todos lados, aunque las encuestas tranquilicen: el 80 por ciento no est&#225; de acuerdo. Y no, en las actuales condiciones, hasta las encuestas las hace el linchador fugazmente triunfante, tranquiliz&#225;ndonos. Fondo buitre de las entra&#241;as de la sociedad argentina, se hace pasar, quedamente, alguna &#250;nica vez, por nuestras propias conciencias. Lo fabricaron millones de conversaciones &#8211;familiares, medi&#225;ticas, pol&#237;ticas, electr&#243;nicas&#8211; dichas al azar con sus vaguedades y su hilo interno amenazante. En el mejor sentido de esa expresi&#243;n, debe haber Estado (esto es instituci&#243;n p&#250;blica, no necesariamente m&#225;s patrulleros, no necesariamente m&#225;s c&#225;maras de seguridad, no necesariamente m&#225;s gendarmer&#237;a de la clase que sea) para examinar este drama moral, para reconstituir, desde la culpa colectiva y sus usos vicarios, el viejo ideal de ciudadan&#237;a redimida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;* Soci&#243;logo, director de la Biblioteca Nacional.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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