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	<title>Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina</title>
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		<title>Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina</title>
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		<title>Soledad Edelweis Garc&#237;a, la mujer que enfrent&#243; a Videla</title>
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		<dc:date>2020-07-08T13:36:58Z</dc:date>
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		<dc:creator>Marta Plat&#237;a</dc:creator>


		<dc:subject>Noticia 4 Bloque Grande Portada</dc:subject>

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&lt;p&gt;El testimonio de &#034;la Sole Garc&#237;a&#034; repone el hist&#243;rico juicio a Jorge Rafael Videla y Luciano Benjam&#237;n Men&#233;ndez, que comenz&#243; en C&#243;rdoba hace diez a&#241;os. Cuenta tambi&#233;n una historia de amor y de militancia. &lt;br class='autobr' /&gt; Desde C&#243;rdoba &lt;br class='autobr' /&gt;
En la ma&#241;ana del martes 9 de marzo de 1976 Soledad Edelweis Garc&#237;a, &#8220;la Sole Garc&#237;a&#8221;, l&#237;der de los docentes cordobeses, manejaba su Citro&#235;n amarillo-esc&#225;ndalo,&#8220;la Calabaza&#8221;, por la zona fabril de la Fiat Concord, casi a la salida a la Ruta 9. Era temprano y a su lado iba (&#8230;)&lt;/p&gt;


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&lt;a href="http://dev0.cta.org.ar/-enfoque-38-.html" rel="directory"&gt;Enfoque&lt;/a&gt;

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&lt;a href="http://dev0.cta.org.ar/+-noticia-4-bloque-grande-portada-+.html" rel="tag"&gt;Noticia 4 Bloque Grande Portada&lt;/a&gt;

		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;El testimonio de &#034;la Sole Garc&#237;a&#034; repone el hist&#243;rico juicio a Jorge Rafael Videla y Luciano Benjam&#237;n Men&#233;ndez, que comenz&#243; en C&#243;rdoba hace diez a&#241;os. Cuenta tambi&#233;n una historia de amor y de militancia.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Desde C&#243;rdoba&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la ma&#241;ana del martes 9 de marzo de 1976 Soledad Edelweis Garc&#237;a, &#8220;la Sole Garc&#237;a&#8221;, l&#237;der de los docentes cordobeses, manejaba su Citro&#235;n amarillo-esc&#225;ndalo,&#8220;la Calabaza&#8221;, por la zona fabril de la Fiat Concord, casi a la salida a la Ruta 9. Era temprano y a su lado iba Rafael Flores, del sindicato del Caucho, a quien hab&#237;a buscado por su casa, uno m&#225;s de los que se reunir&#237;an en la Mesa de los Gremios en Lucha para analizar lo que ya se ve&#237;a venir: un nuevo golpe militar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En esa cita, los herederos del Cordobazo &#8220;tomar&#237;an decisiones conjuntas para defender a los trabajadores y pedir por los que hab&#237;an sido secuestrados por el Comando Libertadores de Am&#233;rica&#8221;, una especie de Triple A local, a la que se hab&#237;an sumado las hordas de Luciano Benjam&#237;n Men&#233;ndez, el jefe del Tercer Cuerpo de Ej&#233;rcito.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La Sole recuerda, revive y habla r&#225;pido. Muy r&#225;pido. Acostumbrada desde chica &#8220;a ganar espacio, a arrebatar la palabra en una familia de ocho hermanos y hermanas&#8221; en la que todos o casi todos ten&#237;an militancia gremial. Quienes la conocen lo saben. Ese es su sello distintivo. El de una l&#237;der natural como tambi&#233;n lo fue y es su hermana Lila Garc&#237;a, &#8220;la escribana del Cordobazo&#8221;, que ya tiene 88 a&#241;os.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;Ven&#237;a pasando con los compa&#241;eros &#8211;recuerda Soledad con su voz cascada-. Los agarraban por las calles. Y ese 9 de marzo me toc&#243; a m&#237;. Me acuerdo que me atravesaron los Falcon en un camino de tierra. Eran unos tres o cuatro autos con doce o trece tipos armados. A Rafael (Flores) lo golpearon enseguida. A m&#237; me cacharon y me tiraron en el piso de atr&#225;s de un auto. Me pegaron todo el camino hasta lo que despu&#233;s supe que era la D2&#8221; (la Gestapo cordobesa, a s&#243;lo 8 pasos de la Catedral donde reinaba Primatesta).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;Ah&#237; fue como entrar al infierno. Los golpes de pu&#241;o, la picana, las palizas. Las vejaciones, las violaciones&#8230; El submarino que es lo peor de lo peor, porque sent&#237;s que te mor&#237;s, que te ahog&#225;s&#8230; Y para los asm&#225;ticos como yo&#8230; (Exhala, toma aliento) Pero a eso hay que sumarle los gritos terribles de los compa&#241;eros que a veces te dol&#237;an m&#225;s, te atravesaban m&#225;s que los propios dolores&#8230; Ah&#237; nos dieron con todo. Con esos tormentos que nos ten&#237;an preparados para acallarnos, para matarnos a todos&#8221;, dice Soledad Garc&#237;a a P&#225;gina 12.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;Perd&#237;as la noci&#243;n del tiempo, pero en un momento una guardia me dijo que afuera los maestros estaban haciendo un l&#237;o b&#225;rbaro para que me liberen. Eso fue confirmar en un segundo que mi compa&#241;ero (el tambi&#233;n docente y gremialista) Eduardo Requena, estaba movilizando a las organizaciones por mi libertad&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Una historia de amor&lt;/strong&gt;&lt;br class='autobr' /&gt;
El amor entre Soledad y Eduardo Requena hab&#237;a surgido poco despu&#233;s del Cordobazo. &#8220;Ten&#237;amos todo en com&#250;n: gustos, militancia, visi&#243;n del pa&#237;s que quer&#237;amos. Yo estaba de novia y &#233;l tambi&#233;n cuando nos conocimos. Pero el flechazo fue tan fuerte que no hubo otra que avisar a los ex&#8230; Yo le dec&#237;a siempre a Eduardo: vos llegaste a mi vida y pateaste la puerta de entrada para siempre&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;-&#191;Te acord&#225;s cuando lo viste por primera vez?&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;Claro, fue en la sede del gremio, en calle Ayacucho. Vi este hombre hermoso que me dijeron que ven&#237;a de Villa Mar&#237;a&#8230; El se me acerc&#243; y me pregunt&#243; si un compa&#241;ero que estaba por ah&#237; era mi novio. Me extra&#241;&#243; la pregunta, pero me gust&#243; que se animara. Despu&#233;s hubo un campamento de maestros que organiz&#243; el Gordo (Juan Jos&#233;) Varas, que lo mataron con Atilio L&#243;pez (la Triple A, el 14 de septiembre de 1974). Y ya no nos separamos hasta mi secuestro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La clave para saber que Soledad Garc&#237;a &#8220;hab&#237;a ca&#237;do&#8221;, fue la Calabaza: &#8220;Un obrero vio que a mi auto lo manejaba un tipo raro y dio aviso. Y eso me salv&#243; la vida porque mis compa&#241;eros, mi gremio, mis hermanos fueron a pedir por m&#237; y me tuvieron que blanquear. Me llevaron a la (c&#225;rcel) UP1, en el Barrio San Mart&#237;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el Pabell&#243;n 14 de Mujeres, la Sole fue una m&#225;s de las presas pol&#237;ticas que soportaron el terrible invierno de 1976: el invierno en que la dictadura encabezada por Jorge Rafael Videla y apoyada a pura muerte y desaparici&#243;n por Luciano Benjam&#237;n Men&#233;ndez en C&#243;rdoba, asesin&#243; en falsas fugas y &#8220;operativos ventilador&#8221; (matanzas en las que se acomodaban los cuerpos para que pareciera que hab&#237;an muerto en enfrentamientos) a 31 presos pol&#237;ticos de la UP1.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;Lo que se viv&#237;a ah&#237; era espantoso. Nunca se te va del cuerpo el fr&#237;o de la c&#225;rcel. Nunca. No importa cu&#225;ntos a&#241;os pasen. El d&#237;a del Golpe entraron como locos. Rompieron todo. Desde ah&#237; todas las noches, sent&#237;amos c&#243;mo sacaban a los compa&#241;eros. Ah&#237; tambi&#233;n vimos c&#243;mo se llevaron, despu&#233;s de parir a sus beb&#233;s, a Marta Rosetti de Arquiola y a Marta Juana Gonz&#225;lez de Baronetto. Me acuerdo c&#243;mo se la llevaron para matarla, por el callej&#243;n de la muerte a Tati (Esther Mar&#237;a) Barberis, y a Diana Fidelman (Sztelman). A ella la torturaron m&#225;s por ser jud&#237;a&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;-&#191;Cu&#225;ndo supiste qu&#233; hab&#237;an matado a Eduardo, tu compa&#241;ero?&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;Una guardia pas&#243; por mi celda y me lo dijo. As&#237; como si nada. &#191;Vos ten&#237;as un novio? S&#237;, le dije yo. Y ella: bueno, no est&#225; m&#225;s. Ese d&#237;a me mor&#237; un poco yo tambi&#233;n. Quer&#237;a creer que no era cierto, pero sab&#237;a, sent&#237;a que s&#237;, que lo hab&#237;an matado. Ten&#237;a 37 a&#241;os.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En los juicios fueron muchos los testigos que dieron fe del secuestro del maestro Eduardo Requena: lo atraparon el 23 de julio del &#180;76 junto a Roberto &#8220;Tito&#8221; Yornet (de 30 a&#241;os y padre de dos hijos, Marcelo y Marcos) en el bar Miracles, en la avenida Col&#243;n del centro cordob&#233;s. Ambos fueron torturados y asesinados en los campos de La Perla, en uno de los tantos fusilamientos masivos en agosto de ese a&#241;o.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Cara a cara con Videla&lt;/strong&gt;&lt;br class='autobr' /&gt;
Soledad Garc&#237;a fue una de las sobrevivientes que dieron testimonio durante el juicio que se les hizo en C&#243;rdoba a Videla y Men&#233;ndez, desde el 2 de julio al 22 de diciembre de 2010. Los genocidas, junto a otros 28 represores, fueron acusados de las torturas y asesinato de 31 presos pol&#237;ticos a disposici&#243;n del Poder Ejecutivo Nacional. Es decir, de hombres y mujeres encarcelados por sus ideas en una c&#225;rcel legal y que por lo tanto ten&#237;an derecho a que el Estado garantizara sus derechos y sus vidas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el juicio qued&#243; demostrado que los dictadores no respetaron nada. Que fusilaron en falsas fugas a 29 presos; y que en el caso del m&#233;dico santiague&#241;o Ren&#233; Moukarzel, lo estaquearon en el patio del presidio hasta matarlo de fr&#237;o en una tortura que pudieron ver las mujeres desde su pabell&#243;n, y escuch&#243; el resto de los presos desde sus celdas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El otro crimen a la vista de cientos de presos pol&#237;ticos y &#8220;comunes&#8221;, fue el del estudiante de periodismo Ra&#250;l Bauducco, quien no pudo levantarse luego de un &#8220;baile&#8221; y una golpiza en el patio del penal en una noche g&#233;lida; y fue asesinado de un balazo a quemarropa en la nuca por el cabo (Miguel &#193;ngel) P&#233;rez, con la venia del represor Enrique Mones Ruiz. Un fusilamiento por el cual P&#233;rez pidi&#243; perd&#243;n al final del juicio a los familiares de su v&#237;ctima; y el propio Videla lo llam&#243; &#8220;cobarde e indigno&#8221; de pertenecer al Ej&#233;rcito.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Soledad Garc&#237;a retoma: &#8220;El 31 de diciembre de 1976 a m&#237; y a las compa&#241;eras que qued&#225;bamos vivas, nos sacaron de la UP1. Pensamos que nos iban a matar, pero nos ataron al piso de un avi&#243;n (un H&#233;rcules C130) y nos llevaron a Devoto unas sobre otras. En el camino amenazaban con tirarnos al r&#237;o. En Devoto el r&#233;gimen carcelario fue muy otra cosa para nosotras que ven&#237;amos del infierno&#8221;. Luego de los a&#241;os de prisi&#243;n, del exilio en Espa&#241;a, en 1984 la l&#237;der docente volvi&#243; al pa&#237;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Casi treinta a&#241;os despu&#233;s, el martes 3 de agosto de 2010, Soledad Garc&#237;a dio su testimonio frente al Tribunal Oral 1. &#8220;Yo no pens&#233; que Videla iba a estar ah&#237;. No pens&#233; tampoco en Men&#233;ndez &#8211;rememora&#8211;. Estaba muy enfocada en no olvidarme de todo lo que nos hab&#237;an hecho (as&#237;, en plural). No quer&#237;a olvidarme de nada. De los simulacros de fusilamiento por la noche desnudas en el patio de la UP1 contra una pared&#8230; De los manoseos. De que nos sacaran la ropa, que era una tortura m&#225;s. Pero reci&#233;n despu&#233;s (de otros juicios) lo tuvimos m&#225;s claro .&#034;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;Yo estaba enfocada en denunciar las torturas, los asesinatos de mis compa&#241;eros y compa&#241;eras. Lo que pas&#243; con Videla para m&#237; fue algo espont&#225;neo. Para nada planeado &#8211;sigue Soledad Garc&#237;a-. Como el juez me pregunt&#243;, al final de mi testimonio si quer&#237;a decir algo, ah&#237; me surgi&#243; todo. Gir&#233; sobre la silla hacia la izquierda y lo mir&#233;, lo encar&#233; y le dije de todo. Nunca pens&#233; que iba a tener esa oportunidad&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ese &#8220;de todo&#8221; de la Sole, tom&#243; por sorpresa al genocida: Videla, con el cuerpo literalmente pegado al respaldo de su banquillo de acusado, soport&#243; con el ment&#243;n casi pegado al cuello, los ojos muy abiertos y apenas respirando; el reclamo furioso de la l&#237;der sindical rebati&#233;ndole aquello de que &#8220;los desaparecidos no est&#225;n, no existen, no son. No est&#225;n ni vivos ni muertos. Est&#225;n desaparecidos&#8221;, que el otrora poderoso dictador en el poder les hab&#237;a explicado a periodistas internacionales en 1979.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;&#191;C&#243;mo que no est&#225;n, que no son? &#161;No se&#241;or! No son una entelequia. Ellos ten&#237;an vida y ustedes se las quitaron. Ten&#237;an proyectos y ustedes los llevaron a la muerte. Ahora, que ya nada puede reparar lo que pas&#243;, que no les puedo pedir coraje civil, ni est&#225;n los datos, &#161;devuelvan los nietos a las Abuelas! &#161;Devu&#233;lvanme el cuerpo de mi compa&#241;ero, de los compa&#241;eros! Muestren un resto de humanidad&#034;, le grit&#243;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;Yo me d&#237; cuenta de la repercusi&#243;n de eso cuando sal&#237; de dar testimonio. Para m&#237; fue una reacci&#243;n natural. Pero s&#237;, fue una oportunidad de hacer cierta justicia&#8221;, reflexiona ahora Garc&#237;a.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;-Cuando Videla muri&#243; (el 17 de mayo de 2013), &#191;pensaste en ese momento?&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;-&lt;/strong&gt;S&#237;, pero no fue eso lo que me provoc&#243; la muerte de este asesino. M&#225;s bien fueron dos cosas contrapuestas: una cierta bronca porque se muri&#243; muy r&#225;pido. Demasiado pronto para tanto dolor que provoc&#243;. Pero tambi&#233;n cierta satisfacci&#243;n por esa muerte tan poco est&#233;tica, tan poco digna: entre sus excrementos. Ese, que se golpeaba el pecho y comulgaba todos los d&#237;as mientras mataba, muri&#243; de lo m&#225;s degradado. En medio de una completa mierda. De la suya.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Soledad Garc&#237;a dice que siempre seguir&#225; buscando el cuerpo de su compa&#241;ero Eduardo Requena. &#8220;Tengo s&#243;lo una foto de los dos juntos. Eso y los recuerdos. Y el amor que no muere&#8230; No ten&#237;an derecho a matarnos ni matar a los nuestros. Nosotros todav&#237;a los buscamos. En cambio cuando &#233;l se muri&#243;, su familia lo pudo enterrar&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entonces, en el final de la entrevista, surge el recuerdo del texto del periodista Jorge Kostinger, de La Plata, que circul&#243; urgente y profuso en las redes sociales apenas dos d&#237;as despu&#233;s de la muerte del genocida. Un escrito que resumi&#243; mejor que nadie lo que miles y miles ten&#237;an anudado en el pecho y en la memoria,y que diferenciar&#225; siempre de los asesinos: &#8220;Ah&#237; est&#225; el cuerpo &#8211;escribi&#243; Kostinger-. Sin h&#225;beas corpus, ah&#237; tienen el cuerpo. Unos papeles y es suyo. Ll&#233;vense el envase de su pariente. Cuentan ustedes con un cuerpo. Que les conste que lo reciben sin quemaduras ni moretones. Podr&#237;amos haberlo golpeado al menos, que ya hubiera estado pago. Pero nosotros preferimos no hacerlo, eso que s&#237; hizo este cuerpo que ustedes van a enterrar. No lo tiramos desde un avi&#243;n, no lo animamos a cantar con descargas de picana. Que cante, por ejemplo, d&#243;nde est&#225;n nuestros cuerpos, los de nuestros compa&#241;eros. No fue violado. No tuvo un hijo acostado en el pecho mientras le daban m&#225;quina. No lo fusilamos para decir que muri&#243; en un enfrentamiento. No lo mezclamos con cemento. No lo enterramos en cualquier parte como N.N.; no le robamos a sus nietos. Ac&#225; tienen el cuerpo&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pie de foto: Eduardo Requena y Soledad Edelweis Garc&#237;a, en una de las pocas fotos que se conservan de la pareja.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>La lista de Iliovich</title>
		<link>http://dev0.cta.org.ar/la-lista-de-iliovich.html</link>
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		<dc:creator>Marta Plat&#237;a</dc:creator>


		<dc:subject>Noticia 4 Bloque Grande Portada</dc:subject>

		<description>
&lt;p&gt;Cada quince d&#237;as la sobreviviente era llevada a su casa, donde anot&#243; a escondidas todo lo que vio y vivi&#243;. Tras la dictadura, entreg&#243; esos datos a la Conadep. &lt;br class='autobr' /&gt; Desde C&#243;rdoba &lt;br class='autobr' /&gt;
Invierno de 1977. Ya hab&#237;a pasado poco m&#225;s de un a&#241;o desde su secuestro el 15 de mayo de 1976, cuando Ana Iliovich se dio cuenta de que los represores la iban a dejar vivir un tiempo m&#225;s. &#8220;D&#237;a a d&#237;a ve&#237;a a los que se llevaban al pozo y esto me fue enfermando cada vez m&#225;s&#8221;, atestig&#252;&#243; en el megajuicio La Perla-Campo de (&#8230;)&lt;/p&gt;


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&lt;a href="http://dev0.cta.org.ar/-enfoque-38-.html" rel="directory"&gt;Enfoque&lt;/a&gt;

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&lt;a href="http://dev0.cta.org.ar/+-noticia-4-bloque-grande-portada-+.html" rel="tag"&gt;Noticia 4 Bloque Grande Portada&lt;/a&gt;

		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Cada quince d&#237;as la sobreviviente era llevada a su casa, donde anot&#243; a escondidas todo lo que vio y vivi&#243;. Tras la dictadura, entreg&#243; esos datos a la Conadep.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Desde C&#243;rdoba&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Invierno de 1977. Ya hab&#237;a pasado poco m&#225;s de un a&#241;o desde su secuestro el 15 de mayo de 1976, cuando Ana Iliovich se dio cuenta de que los represores la iban a dejar vivir un tiempo m&#225;s. &#8220;D&#237;a a d&#237;a ve&#237;a a los que se llevaban al pozo y esto me fue enfermando cada vez m&#225;s&#8221;, atestig&#252;&#243; en el megajuicio La Perla-Campo de La Ribera en abril de 2014.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A esa rutina mortal se sum&#243; en el pesar de la cautiva lo que los torturadores comenzaron a hacerle a algunos de los prisioneros: &#8220;Como se sent&#237;an due&#241;os de sus vidas y zozobras, los sacaban del campo de concentraci&#243;n y los llevaban a ver a sus padres, a sus familiares&#8221;. declar&#243;. Cont&#243; que hasta com&#237;an en la misma mesa con los aterrorizados parientes de la v&#237;ctima, como un modo de prolongar la prisi&#243;n m&#225;s all&#225; de los sitios de exterminio. Ejercieron as&#237; otra refinada, perversa manera del tormento y el terror colectivo. Les permit&#237;an a algunos de los que consideraban sus prisioneros directos vivir una ficticia cotidianidad, un fulgor de cercan&#237;a familiar, para luego llevarlos de regreso al encierro. A la muerte. A la tortura f&#237;sica, psicol&#243;gica. A la esclavitud. A La Perla.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Afuera quedaban los seres amados sumergidos en la pavura y la atroz incertidumbre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fue despu&#233;s de una de esas visitas a su familia en Bell Ville, donde naci&#243; en 1955, cuando Ana tuvo la idea que le ayudar&#237;a a sobrevivir a la &#8220;literal asfixia&#8221; a la &#8220;falta de aire&#8221; que hab&#237;a comenzado a cerrarle el pecho, el cuerpo, la vida. Empez&#243; a memorizar nombres y fechas y escribirlos cada vez que la llevaban a su casa. De esa manera fue que combati&#243; lo que llam&#243; &#8220;el s&#237;ndrome cucaracha&#8221;, frente al tribunal del megajuicio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Antes de desaparecer como &#8220;el ser humano que era&#8221;, grababa en su cerebro y de a pu&#241;ados, los nombres que aparec&#237;an en las listas que hab&#237;a en las oficinas de La Perla donde la somet&#237;an a trabajo-esclavo junto con otros cautivos. &#8220;Dej&#233; de sentirme una cucaracha, que es lo que ellos hab&#237;an logrado, y me convert&#237; en una cucaracha escribiente&#8221;, dijo ante los jueces. Una versi&#243;n femenina del Gregorio Samsa de Kafka. Una que sirviera para sobrevivir y vivir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ana Iliovich cont&#243; que &#8220;guardaba&#8221; en su mente &#8220;de a diez nombres por vez, con sus respectivas agrupaciones y fechas de ca&#237;da&#8221;, tal como la burocracia de la maquinaria de muerte de La Perla hab&#237;a anotado. Y que, cada quince d&#237;as cuando la llevaban a su casa, se encerraba en su dormitorio y los escrib&#237;a en &#8220;un cuadernito Gloria de esos que llev&#225;bamos a la escuela, y que mi pap&#225; guardaba con mucho coraje en una caja fuerte&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando en marzo de 1978 le dieron &#8220;la opci&#243;n para salir del pa&#237;s&#8221; que se les daba a los presos reconocidos &#8220;a disposici&#243;n del Poder Ejecutivo Nacional&#034; y vol&#243; a Per&#250;, Ana llev&#243; el cuadernito con las listas. Al regreso, en 1983, pudo entreg&#225;rselo a los miembros de la Conadep.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Treinta y un a&#241;os despu&#233;s, en el juicio a Luciano Benjam&#237;n Men&#233;ndez y m&#225;s de medio centenar de represores, el fiscal Facundo Trotta, en una largu&#237;sima audiencia, le pregunt&#243; a Ana, nombre tras nombre, por cada uno de ellos. &#8220;A muchos no los v&#237; personalmente &#8211;aclar&#243; Iliovich&#8211; pero estaban en las listas de La Perla. Hab&#237;a nombres desde enero de 1976, desde antes del Golpe. A los que no v&#237;, pero los nombraron, los memoric&#233;. Y cuando no se daban cuenta hasta los anotaba en papelitos m&#237;nimos y me los guardaba entre la ropa&#034;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#034;As&#237; saqu&#233; n&#250;meros de documentos de identidad. No aprend&#237; de memoria esos DNI, eso ser&#237;a imposible&#8230; Pero s&#237; fechas de ca&#237;das (secuestros). A otros los anot&#233; porque los conoc&#237; personalmente en el tiempo en que estuve en La Perla. Compa&#241;eros entra&#241;ables&#8230; Pero todos los anotados estaban porque los v&#237; o estuvieron, aunque no hayan pasado en la misma &#233;poca que yo&#8221;, recalc&#243; una y otra vez, para que no quedaran dudas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;As&#237; Ana Iliovich nombr&#243; al sindicalista Ren&#233; Salamanca, l&#237;der de SMATA, uno de los primeros secuestrados y asesinados en La Perla. Y a Tom&#225;s Di Toffino, compa&#241;ero de lucha de Agust&#237;n Tosco en Luz y Fuerza, a quien mantuvieron cautivo varios meses y asesinaron en febrero de 1977. Un hombre que &#8220;por tener mucha experiencia en resistencia obrera y ser m&#225;s grande que nosotros, ayud&#243; con su temple y su dignidad a los que &#233;ramos m&#225;s j&#243;venes&#8221;, lo describi&#243; despu&#233;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ana record&#243; y dio testimonio tambi&#233;n por Graciela Doldan, una militante que fue compa&#241;era del l&#237;der montonero Sabino Navarro, una mujer por la que el represor Ernesto &#034;Nabo&#034; Barreiro &#8220;hab&#237;a desarrollado un sentimiento personal&#8221;, seg&#250;n &#233;l mismo admiti&#243; en el juicio. Y al &#8220;Sapo&#8221; Ricardo Ruffa. Todos ellos militantes reconocidos antes y despu&#233;s del Cordobazo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Iliovich tambi&#233;n anot&#243; los nombres de Silvina Parodi, la hija embarazada de la titular de Abuelas de Plaza de Mayo C&#243;rdoba, Sonia Torres; y de su esposo, Daniel Francisco Orozco. &#8220;V&#237; los dos nombres en las listas. Los anot&#233;. Silvina y Daniel ya no estaban en el campo cuando yo ca&#237;&#8221;, le aclar&#243; a la querellante de Abuelas Marit&#233; S&#225;nchez, quien luego apunt&#243; que &#8220;ese dato es coincidente con lo que sabemos de los traslados que sufri&#243; Silvina hasta que tuvo a su hijo y se lo robaron&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;i class=&#034;fa fa-fw fa-caret-right&#034;&gt;&lt;/i&gt; &#191;Y ustedes c&#243;mo sab&#237;an que los mataban?-, le pregunt&#243; el fiscal Trotta en la audiencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;i class=&#034;fa fa-fw fa-caret-right&#034;&gt;&lt;/i&gt; Ellos (los represores) comentaban eso. Comentaban incluso c&#243;mo los mataban. Que abr&#237;an fosas... Y cuando ven&#237;a el cami&#243;n -al que los prisioneros rebautizaron como &#034;Men&#233;ndez Benz&#034;- todo era m&#225;s obvio. A la gente la llamaban por n&#250;meros. Todos esper&#225;bamos que nos llamaran con nuestro n&#250;mero. Era una cosa absolutamente azarosa y arbitraria... Los &#8220;viejos&#8221;, los que est&#225;bamos hac&#237;a tiempo, sab&#237;amos de qu&#233; se trataba. Se llevaban a la gente y un tiempo despu&#233;s comentaban sobre &#8220;el pozo&#8221;. Y el pozo era la muerte. Uno alguna vez al pasar, coment&#243; lo de los fusilamientos, y otras veces pas&#243; que alguno de nosotros vio la manera en que los ataban antes de llev&#225;rselos&#8230;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la lista de Iliovich figura la familia Coldman (padre, madre e hija: David, Eva Wainstein y Marina); Rosa Assadouri&#225;n, a quien mataron en la tortura y cuyo cad&#225;ver -a&#250;n no se sabe porqu&#233;- s&#237; entregaron a su familia. &#034;A Rosa -cont&#243; su hermana Mar&#237;a Sonia en su testimonio- la mataron de una forma terrible: le arrancaron los ojos, la nariz y la boca&#034;. La mutilaci&#243;n como otro modo de sembrar terror a sus deudos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ana Iliovich dio fe de haber visto y anotado el nombre de la adolescente Alejandra Jaim&#243;vich, de 17 a&#241;os, &#8220;salvajemente violada y torturada por el plus de ser mujer y jud&#237;a&#8221;. Y a los tambi&#233;n jovenc&#237;simos Oscar Li&#241;eira y Claudia Hunziker, &#8220;que era hermosa hermosa, y ten&#237;a el pelo rojo&#8230;&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La mujer-memoria, la Ana que sobrevivi&#243; para escribir y contar, record&#243; tambi&#233;n ante los jueces al alba&#241;il Luis Justino &#8220;El Negro&#8221; Honores, de la UOCRA, quien muri&#243; luego de una feroz sesi&#243;n de tortura en la cuadra de La Perla. De contextura fuerte por su trabajo, fueron varios los testigos que atestiguaron sobre su terrible agon&#237;a &#8220;durante d&#237;as y noches&#8221; hasta que muri&#243; en brazos de otro compa&#241;ero, Eduardo Porta, que lo cuid&#243; hasta el final.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Iliovich nombr&#243; al matrimonio M&#243;naco-Felipe. Los hab&#237;an secuestrado en Villa Mar&#237;a, donde Ester y Luis acababan de tener una beb&#233;. Ester Felipe es la hermana de Liliana Felipe -la cantante argentino-mexicana-, y su esposo Luis, que trabajaba como periodista en el canal de la Universidad Nacional de C&#243;rdoba, hijo del artista pl&#225;stico del mismo nombre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;i class=&#034;fa fa-fw fa-caret-right&#034;&gt;&lt;/i&gt; &#191;Usted los vio?-, quiso saber el fiscal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;i class=&#034;fa fa-fw fa-caret-right&#034;&gt;&lt;/i&gt; S&#237; los v&#237; y habl&#233; con ella. Y fue muy terrible porque ten&#237;an una bebita muy chiquita (Paula M&#243;naco Felipe, quien sobrevivi&#243; y ahora ejerce el periodismo en M&#233;xico) y ella, Ester, me cont&#243; que ten&#237;a los pechos llenos de leche&#8230;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este punto de su testimonio, Iliovich se envolvi&#243; en sus propios brazos y se permiti&#243; sollozar por breves instantes. &#034;Mire... es de las cosas m&#225;s terribles que me acuerdo porque despu&#233;s he tenido hijos y s&#233; de qu&#233; se trata. Los mataron. A los dos los mataron&#8221;, denunci&#243;. La testigo anot&#243; en su cuaderno que &#8220;fue en febrero de 1978&#8221;. Hac&#237;a poco menos de un mes que Ester hab&#237;a dado a luz a su beba cuando los secuestraron.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entre los sindicalistas y dirigentes gremiales, la testigo tambi&#233;n record&#243; a Eduardo Requena, l&#237;der de los docentes y a Julio Roberto Yornet, que fueron secuestrados juntos de un bar en pleno centro de C&#243;rdoba el 23 de julio de 1976 y fusilados en La Perla.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Iliovich tampoco se olvid&#243; de quienes la secuestraron a ella: &#8220;Fueron (H&#233;ctor Pedro) Vergez; (Ernesto 'Nabo') Barreiro; (Luis) Manzanelli; (Ricardo 'Fogo') Lardone y (Exequiel 'Rulo') Acosta&#034;, declar&#243;. Adem&#225;s asegur&#243; haber visto en La Perla &#8220;al 'Chubi' L&#243;pez (Jos&#233; Arnoldo L&#243;pez), a (Jos&#233; Carlos &#8220;Juan XXIII) Gonz&#225;lez, a (Emilio C&#233;sar) Anad&#243;n, al 'Salame' Hermes Rodr&#237;guez, al (coronel Ra&#250;l) Fierro, a (H&#233;ctor) 'Palito' Romero y al que le dec&#237;an 'HB' (Carlos Alberto D&#237;az). Todos torturaban. Claramente, verdugos eran todos&#8221;, acus&#243;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#034;&#191;Y a Luciano Benjam&#237;n Men&#233;ndez lo vio?&#034;, le pregunt&#243; entonces el fiscal Trotta. &#8220;S&#237;, Men&#233;ndez iba bastante seguido a La Perla. A veces entraba en la cuadra y nosotros est&#225;bamos con los ojos vendados, pero espi&#225;bamos por debajo y lo ve&#237;amos. En una ocasi&#243;n a los detenidos, ya en el &#180;77, nos hicieron hablar con &#233;l. Se trataba de los que &#237;bamos quedando. Esa fue la vez en que lo vi personalmente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Antes de irse de la sala de audiencias que estaba llena a&#250;n cuando el juicio cumpl&#237;a ya dos a&#241;os, Ana Iliovich pidi&#243; leer fragmentos de un poema en memoria de sus compa&#241;eros desaparecidos. Eligi&#243; uno de Juan Gelman.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;&#8220;Cada compa&#241;ero ten&#237;a un pedazo de sol/&lt;br class='autobr' /&gt;
en el alma/ el coraz&#243;n/ la memoria/&lt;br class='autobr' /&gt;
Cada compa&#241;ero ten&#237;a un pedazo de sol/&lt;br class='autobr' /&gt;
y de eso estoy hablando.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Solcito que se apagaba as&#237;/&lt;br class='autobr' /&gt;
todav&#237;a alumbr&#225;s esta noche/&lt;br class='autobr' /&gt;
en que estamos mirando la noche/&lt;br class='autobr' /&gt;
hacia el lado por donde sale el sol&#8221;.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(Fotograf&#237;a N&#176;2: La sala de torturas de La Perla. Por: Nicol&#225;s Castiglioni).&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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