<?xml 
version="1.0" encoding="utf-8"?><?xml-stylesheet title="XSL formatting" type="text/xsl" href="http://dev0.cta.org.ar/spip.php?page=backend.xslt" ?>
<rss version="2.0" 
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
>

<channel xml:lang="es">
	<title>Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina</title>
	<link>http://dev0.cta.org.ar/</link>
	<description></description>
	<language>es</language>
	<generator>SPIP - www.spip.net</generator>
	<atom:link href="http://dev0.cta.org.ar/_ricardo-forster_.html?page=backend" rel="self" type="application/rss+xml" />

	<image>
		<title>Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina</title>
		<url>http://dev0.cta.org.ar/local/cache-vignettes/L144xH44/logourl-31424.png?1720016881</url>
		<link>http://dev0.cta.org.ar/</link>
		<height>44</height>
		<width>144</width>
	</image>



<item xml:lang="es">
		<title>El nombre del kirchnerismo</title>
		<link>http://dev0.cta.org.ar/el-nombre-del-kirchnerismo.html</link>
		<guid isPermaLink="true">http://dev0.cta.org.ar/el-nombre-del-kirchnerismo.html</guid>
		<dc:date>2014-05-19T16:52:23Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Ricardo Forster</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;Opini&#243;n de Ricardo Forster, publicada en el diario P&#225;gina/12.&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="http://dev0.cta.org.ar/-enfoque-38-.html" rel="directory"&gt;Enfoque&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Opini&#243;n de Ricardo Forster, publicada en el diario P&#225;gina/12.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Desplegando una pol&#237;tica audaz y a contrapelo de las hegemon&#237;as mundiales; subvirtiendo las &#8220;formas&#8221; institucionales aprovechando el profundo descr&#233;dito en el que hab&#237;an ca&#237;do esas mismas instituciones en el giro del siglo y en medio del estallido del 2001 para devolverles una legitimidad perdida; rescatando lenguajes y tradiciones sobre las que el paso del tiempo y las garras de los vencedores hab&#237;an dejado sus marcas envenenadas; ejerciendo, con fuerza anticipatoria, una decisiva reparaci&#243;n del pasado que habilit&#243;, en un doble sentido, un camino de justicia y una intensa querella interpretativa de ese mismo pasado que tan hondamente hab&#237;a marcado un tiempo hist&#243;rico rescatado del ostracismo, N&#233;stor Kirchner redise&#241;&#243;, hacia atr&#225;s y hacia adelante, la traves&#237;a del pa&#237;s. Conmoci&#243;n e interpelaci&#243;n. Dos palabras para dar cuenta del impacto que en muchos de nosotros provoc&#243; esa inesperada fisura de una historia que parec&#237;a destinada a la reproducci&#243;n eterna de nuestra&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;inagotable barbarie. Ruptura, entonces, de lo pensado y de lo conocido hasta ese discurso ins&#243;lito que necesitaba encontrarse con una materialidad hist&#243;rica que, eso pens&#225;bamos, hu&#237;a de ret&#243;ricas del enga&#241;o o la autoconmiseraci&#243;n. El kirchnerismo, ese nombre que se fue pronunciando de a poco y no sin inquietudes, desequilibr&#243; lo que permanec&#237;a equilibrado, removi&#243; lo que hac&#237;a resistencia, cuestion&#243; lo que permanec&#237;a incuestionable, aire&#243; lo asfixiante de una realidad miasm&#225;tica y, por sobre todas las cosas, puso en marcha de nuevo la flecha de la historia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Con pasiones que parec&#237;an provenir de otros tiempos, los &#250;ltimos a&#241;os, en especial los abiertos a partir de la disputa por la renta agraria en el 2008, han sido testigos de querellas intelectual-pol&#237;ticas que obligaron a cada uno de sus participantes a tener que tomar partido. Fue imposible sustraerse a la agitaci&#243;n de la &#233;poca y a la vigorosa interpelaci&#243;n que el kirchnerismo le formul&#243; a la sociedad. La pol&#237;tica, con sus intensidades y sus desaf&#237;os, con sus formas muchas veces opacas y otras luminosas, se instal&#243; en el centro de la escena nacional para, como hacia mucho que no suced&#237;a, convocar a aquello que siempre estuvo en su interior aunque pudiera, en ocasiones, quedar escondido por las hegemon&#237;as del poder real: el litigio por la igualdad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El kirchnerismo sali&#243; al rescate de tradiciones y experiencias extraviadas corriendo la pesada l&#225;pida que hab&#237;a ca&#237;do sobre &#233;pocas en las que no resultaba nada sorprendente el encuentro, siempre arduo y complejo, de la lengua pol&#237;tica y los ideales emancipadores, y al hacerlo desafi&#243; a una sociedad todav&#237;a incr&#233;dula que sospechaba, otra vez, que le quer&#237;an vender gato por liebre. En todo caso, hizo imposible el reclamo de neutralidad o de distanciada perspectiva acad&#233;mica, hizo saltar en mil pedazos la supuesta objetividad interpretativa o la reclamada independencia period&#237;stica mostrando, una vez m&#225;s, que cuando retorna lo pol&#237;tico como lenguaje de la reinvenci&#243;n democr&#225;tica se acaban los consensos vac&#237;os y los llamados a la reconciliaci&#243;n fundados en el olvido hist&#243;rico. Lo que emerge, con fuerza desequilibrante, es la disputa por el sentido y la irrevocable evidencia de las fuerzas en pugna.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El kirchnerismo vino a sacudir y a enloquecer la historia. El impacto enorme de su impronta, de esa invenci&#243;n a contracorriente formulada en mayo de 2003, sigue irradiando alrededor nuestro y contin&#250;a definiendo el horizonte de nuestros conflictos y posibilidades. Hoy, cuando nos acercamos a una encrucijada pol&#237;tica compleja, esta experiencia caudalosa y transgresora quiere ser reducida a una etapa ya superada en nombre, una vez m&#225;s, de la &#8220;unidad del movimiento&#8221;. Una unidad, lo sabemos por experiencia hist&#243;rica, que cuando se proclama y se impone acaba por reducir al peronismo a fuerza conservadora. Cuando en el peronismo se habla de englobar a todos los sectores, cuando se escucha aquello de que &#8220;finalmente somos todos compa&#241;eros&#8221;, lo que se est&#225; diciendo sin decirlo es que se prepara, una vez m&#225;s, la pirueta que conduce al establishment y al status quo, el giro que vuelve a depositarlo en el n&#250;cleo de la repetici&#243;n. Hoy, y bajo distintos nombres (suenan con sus diferencias los de ciertos gobernadores, esos que siempre estuvieron lejos de kirchnerizar al peronismo de sus provincias, y, por supuesto, los del nuevo heraldo del peronismo conservador y noventista que viene del Tigre) se busca cerrar la anomal&#237;a iniciada en mayo de 2003.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De nuevo, y como un signo de su historia zigzagueante, regresa una disputa que, eso hay que decirlo, no dej&#243; de acompa&#241;arlo, al menos, desde el conflicto de la 125 en la que una buena parte del PJ confluy&#243; con la corporaci&#243;n agromedi&#225;tica (el massismo es hijo de esa confluencia). En esos d&#237;as calientes en los que tantas cosas fueron puestas sobre la mesa, y en los que los actores asumieron sus papeles en el drama de la historia, el kirchnerismo encontr&#243; su nombre y su potencia, pudo darle palabras a su desaf&#237;o y a su proyecto. En esos d&#237;as, tambi&#233;n, algo inevitable volver&#237;a a sacudir al peronismo. Hoy, cuando todo sigue estando en disputa y bajo la forma del riesgo, regresa la amenaza de la restauraci&#243;n, pero no como una acci&#243;n extempor&#225;nea, venida de afuera, sino como la horadaci&#243;n que se precipita desde el interior. No hay peor cu&#241;a que la que se hace con la astilla del mismo palo. Por eso es imprescindible discutir cr&#237;ticamente el legado del propio peronismo, no dejarlo desplegarse como si nada guardase de peligroso en su devenir hist&#243;rico y sospechando, siempre, de los cultores de la &#8220;unidad por sobre todas las cosas&#8221;. No se trata de ir a la b&#250;squeda de una pureza imposible y viscosa, pero tampoco de ir con todos y con cualquiera con tal de preservar, sin principios, el poder.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lejos, muy lejos del esp&#237;ritu de lo fundado por N&#233;stor Kirchner, se encuentra el diagrama de aquellos que buscan concretar el final de un ciclo pronunciando otro nombre muy diferente del que tall&#243; de manera inesperada lo mejor de un pa&#237;s que se reencontr&#243; con una oportunidad que ya no alcanzaba siquiera a imaginar. Un nombre novedoso y opuesto al de las corporaciones, surgido en la tierra de los vientos sure&#241;os y que se extendi&#243; por el pa&#237;s, que tendr&#225; que enfrentarse a sus l&#237;mites y contradicciones, a sus debilidades y a sus errores, pero que, sobre todo, tendr&#225; que profundizar el n&#250;cleo desafiante y novedoso que introdujo en el interior de una sociedad desesperanzada. Y tendr&#225; que hacerlo sin renunciar a esa impronta, sabiendo que no es posible ni justo replegarse hacia una pol&#237;tica testimonial prepar&#225;ndose para otro tiempo m&#225;s lejano que, cuando supuestamente llegue, volver&#225; a encontrar un pa&#237;s desolado por la inclemencia de los poderes corporativos. Poderes que, como en otras &#233;pocas, no desaprovechar&#225;n la oportunidad que aguardan con la glotoner&#237;a de quienes est&#225;n listos para reconstruir su hegemon&#237;a. Pero tambi&#233;n sabe, siempre lo ha sabido, que en el drama de una historia que sigue buscando la igualdad nadie puede eludir las impurezas y el barro. Las oportunidades de cambiar a favor de las mayor&#237;as populares la trama de la sociedad son rarezas que no se pueden desaprovechar. Sin garant&#237;as, como al comienzo de esta historia, el kirchnerismo, su nombre, deber&#225; seguir insistiendo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pocos, muy escasos, acontecimientos pol&#237;ticos han despertado tantas pol&#233;micas, tantas querellas y tantas pasiones como lo abierto por la irrupci&#243;n de esta extra&#241;a figura proveniente del sur patag&#243;nico. En Kirchner y, con una potencia duplicada por el propio dramatismo de una muerte inesperada, en Cristina Fern&#225;ndez se ha desplegado lo que pocos cre&#237;an que pod&#237;a volver a suceder en el interior de la realidad argentina: la alquimia de voluntad, deseo, inteligencia y audacia para torcer una historia que parec&#237;a sellada. El retorno, bajo las condiciones de una particular y dif&#237;cil &#233;poca del pa&#237;s y del mundo, de la pol&#237;tica como ideal transformador y como eje del litigio por la igualdad. Ese es el punto de inflexi&#243;n, lo verdaderamente insoportable, para el poder real y tradicional, que trajo el kirchnerismo: el corrimiento de los velos, el fin de las impunidades materiales y simb&#243;licas, la recuperaci&#243;n de palabras y conceptos arrojados al tacho de los desperdicios por los triunfadores implacables del capitalismo neoliberal y revitalizados por quienes, saliendo de un lugar inveros&#237;mil, vinieron a interrumpir la marcha de los due&#241;os de lo que parec&#237;a ser el relato definitivo de la historia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Kirchnerismo como el nombre de una reparaci&#243;n, como el santo y se&#241;a de un giro que habilit&#243; la restituci&#243;n de derechos y de memoria, pero tambi&#233;n como el nombre de una refundaci&#243;n de la pol&#237;tica sac&#225;ndola del vaciamiento y la desolaci&#243;n de los noventa. Y haci&#233;ndolo de manera transgresora, pero no al modo de la farandulesca, banal y prostibularia &#8220;transgresi&#243;n&#8221; del menemismo, sino quebrando el pacto ominoso de la clase pol&#237;tica con las corporaciones, tocando los resortes del poder y haciendo saltar los goznes de instituciones carcomidas por la deslegitimaci&#243;n. Kirchnerismo como el nombre de una ins&#243;lita demanda de justicia en un pa&#237;s atravesado por la l&#243;gica del olvido y la impunidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El kirchnerismo, entonces y a contrapelo de los vientos regresivos de la historia, como un giro de los tiempos, como la trama de lo excepcional que vino a romper la l&#243;gica de la continuidad. Raras y hasta ins&#243;litas las &#233;pocas que ofrecen el espect&#225;culo de la ruptura y de la mutaci&#243;n; raros los tiempos signados por la llegada imprevista de quien viene a quebrar la inercia y a enloquecer a la propia historia redefiniendo las formas de lo establecido y de lo aceptado. Extra&#241;a la &#233;poca que muestra que las formas eternas del poder sufren, tambi&#233;n, la embestida de lo inesperado, de aquello que abre una brecha en las filas cerradas de lo inexorable que, en el giro del siglo pasado, llevaba la impronta aparentemente insuperable del neoliberalismo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es ah&#237;, en esa encrucijada de la historia, en eso ins&#243;lito que no pod&#237;a suceder, donde se inscribe el nombre del Kirchnerismo, un nombre de la dislocaci&#243;n, del enloquecimiento y de lo a deshora. De ah&#237; su extra&#241;eza y hasta su insoportabilidad para los due&#241;os de las tierras y del capital que cre&#237;an clausurado de una vez y para siempre el tiempo de la reparaci&#243;n social y de la disputa por la renta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el nombre del Kirchnerismo se encierra el enigma de la historia, esa loca emergencia de lo que parec&#237;a clausurado, de aquello que remit&#237;a a otros momentos que ya nada ten&#237;an que ver, eso nos dec&#237;an incansablemente, con nuestra contemporaneidad; un enigma que nos ofrece la posibilidad de comprobar que nada est&#225; escrito de una vez y para siempre y que, en ocasiones que suelen ser inesperadas, surge lo que viene a inaugurar otro tiempo de la historia. El kirchnerismo, su nombre, constituye esa reparaci&#243;n y esa inauguraci&#243;n de lo que parec&#237;a saldado en nuestro pa&#237;s al ofrecernos la oportunidad de rehacer viejas tradiciones bajo las demandas de lo nuevo de la &#233;poca. Con &#233;l regresaron debates que permanec&#237;an ausentes o que hab&#237;an sido vaciados de contenido. Pudimos redescubrir la cuesti&#243;n social tan ninguneada e invisibilizada en los noventa; recogimos conceptos extraviados o perdidos entre los libros guardados en los anaqueles m&#225;s lejanos de nuestras bibliotecas, volvimos a hablar de igualdad, de distribuci&#243;n de la riqueza, del papel del Estado, de una Latinoam&#233;rica unida, de justicia social, de capitalismo, de emancipaci&#243;n y de pueblo, abandonando los eufemismos y las frases formateadas por los ide&#243;logos del mercado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Casi sin darnos cuenta, y despu&#233;s de escuchar azorados el discurso del 25 de mayo de 2003, nos lanzamos de lleno a algo que ya no se detuvo y que atraviesa los grandes debates nacionales. El nombre del Kirchnerismo, su impronta informal y desacartonadora de discursos y pr&#225;cticas, nos habilit&#243; para volver a so&#241;ar con un pa&#237;s que hab&#237;amos perdido en medio del desierto de una &#233;poca caracterizada por las proclamas del fin de la historia y la muerte de las ideolog&#237;as e incluso de la pol&#237;tica. Apertura de un tiempo capaz de sacudir la inercia de la repetici&#243;n maldita, de esa suerte de inexorabilidad sellada por el discurso de los dominadores. Pero tambi&#233;n un nombre para nombrar de nuevo a los invisibles, a los marginados, a los humillados, a los ninguneados que, bajo sus banderas multicolores y sus rostros y cuerpos diversos, se hicieron presentes para despedir a quien abri&#243; lo que parec&#237;a cerrado y clausurado en ese d&#237;a en el que una generaci&#243;n se sinti&#243; conmovida y atravesada por su propio 17 de octubre. Los otros del sistema, los pobres y excluidos pero tambi&#233;n los pueblos originarios, los habitantes de la noche y los j&#243;venes de los suburbios y los que sintieron el despertar de la pasi&#243;n pol&#237;tica, los migrantes latinoamericanos que se encontraron con sus derechos y las minor&#237;as sexuales que se adentraron en un territorio de la reparaci&#243;n. Ellos, fundamentalmente, le han dado su impronta transgresora al nombre del kirchnerismo. Un nombre que no puede ni debe ser atrapado en la tela de ara&#241;a de la realpolitik ni ser apropiado por qui&#233;n o quienes s&#243;lo buscan el momento para devaluar lo conquistado haciendo regresar al peronismo a su etapa conservadora. En ellos, con ellos y por ellos no se puede retroceder.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Extravagancias de una historia nacida de lo inesperado y que se desliz&#243; por una grieta mal cerrada del muro de un pa&#237;s desguazado; que lo hizo para interpelarnos de un modo excepcional y que parec&#237;a provenir de otros tiempos y de otros corazones pero que se manifestaba en la encrucijada de un presente que pudo, gracias a su aparici&#243;n a deshora, desviarse de la ruta de la intemperie y la desolaci&#243;n para dirigirse, con la intemperancia de lo inaudito, hacia la reconstrucci&#243;n y la reparaci&#243;n de una sociedad descre&#237;da que, por esos enigmas de la vida y de la historia, se descubri&#243; de nuevo alborozada por antiguas y nuevas militancias, de esas que entrelazaron lo anacr&#243;nico y lo contempor&#225;neo. Por eso el arduo y apasionante desaf&#237;o al que se enfrenta el kirchnerismo en esta hora hist&#243;rica: seguir conmoviendo el sentido com&#250;n de una sociedad que nunca imagin&#243; que pudiera ser contempor&#225;nea de un giro hist&#243;rico reparador de la injusticia y la desigualdad o desembocar en la resignada aceptaci&#243;n de un fin de ciclo que se materializar&#237;a en candidaturas que nada han tenido que ver con el &#237;mpetu rupturista de lo iniciado en mayo del 2003. El peligro de la regresi&#243;n est&#225; afuera y adentro. Nuestra responsabilidad, aqu&#237; y ahora, es seguir reafirmando lo que ha significado y sigue significando el nombre del kirchnerismo.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>La miner&#237;a y el desarrollo sustentable</title>
		<link>http://dev0.cta.org.ar/la-mineria-y-el-desarrollo.html</link>
		<guid isPermaLink="true">http://dev0.cta.org.ar/la-mineria-y-el-desarrollo.html</guid>
		<dc:date>2012-02-14T15:50:33Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Ricardo Forster</dc:creator>


		<dc:subject>Opinion</dc:subject>

		<description>&lt;p&gt;Pensar la democracia es intentar desnaturalizarla, es decir, abordarla no como algo dado de una vez y para siempre sino como una continua invenci&#243;n capaz de redefinir sus condiciones hist&#243;ricas y el horizonte de sus posibilidades. Pero tambi&#233;n es penetrar en sus contradicciones, conflictos y tensiones no resueltas, esas mismas que hoy se despliegan en el interior de ese otro magma de la vida contempor&#225;nea que es el mercado, la econom&#237;a global y su forma actual que es el capitalismo financiero.&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="http://dev0.cta.org.ar/-opinion-.html" rel="directory"&gt;Opini&#243;n&lt;/a&gt;

/ 
&lt;a href="http://dev0.cta.org.ar/+-opinion-6-+.html" rel="tag"&gt;Opinion&lt;/a&gt;

		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Pensar la democracia es intentar desnaturalizarla, es decir, abordarla no como algo dado de una vez y para siempre sino como una continua invenci&#243;n capaz de redefinir sus condiciones hist&#243;ricas y el horizonte de sus posibilidades. Pero tambi&#233;n es penetrar en sus contradicciones, conflictos y tensiones no resueltas, esas mismas que hoy se despliegan en el interior de ese otro magma de la vida contempor&#225;nea que es el mercado, la econom&#237;a global y su forma actual que es el capitalismo financiero.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;La democracia, que recorri&#243; un largo camino desde su alborada griega, hoy se encuentra ante los l&#237;mites del liberalismo, ideolog&#237;a que, una vez desplazados los modos totalitarios encarnados por el nazismo y el estalinismo, se enfrenta ante una profunda crisis que arrastra consigo su gran invenci&#243;n: el individuo imaginado como sujeto de su propia libertad mientras queda atrapado en la alienaci&#243;n mercadol&#225;trica. En todo caso, la bancarrota econ&#243;mica de pa&#237;ses como Grecia y Espa&#241;a ponen en evidencia no apenas los problemas del paradigma de acumulaci&#243;n y valorizaci&#243;n financiera del neoliberalismo, sino que desnudan las carencias del individuo en el interior de una sociedad dominada por el consumismo y el ego&#237;smo; carencias que lo dejan inerme ante la tempestad desatada por las fuerzas indescifrables, para ese individuo autofestejado y socialmente fragmentado, del mercado global que terminan por poner en evidencia la fragilidad de su supuesta libertad all&#237; donde queda desnutrido de palabras e ideas para revertir la cat&#225;strofe social a la que ha sido arrastrado por el &#8220;anarcocapitalismo financiero&#8221;. Una sociedad construida bajo las premisas de la objetualizaci&#243;n y la rentabilizaci&#243;n de todas las esferas de la vida, que no ha podido parir otra realidad que la de la sumisi&#243;n del individuo a las fuerzas inescrutables de la econom&#237;a-mundo, tiene como consecuencia necesaria la profunda despolitizaci&#243;n de esa misma sociedad que equivale, esto tambi&#233;n hay que se&#241;alarlo, al vaciamiento de la democracia que hace pareja, desde sus or&#237;genes, con la pol&#237;tica entendida como la lengua que se hace cargo de lo no resuelto y del conflicto en el interior de las relaciones sociales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por eso entre nosotros, y pienso en Argentina y en otros pa&#237;ses sudamericanos, la salida, todav&#237;a incipiente y contradictoria, de la brutal dominaci&#243;n del capitalismo neoliberal se dio bajo la forma de la repolitizaci&#243;n de nuestras sociedades. En una &#233;poca en la que nada parec&#237;a torcer el rumbo triunfante del economicismo hegem&#243;nico de matriz especulativo-financiera reapareci&#243;, bajo las condiciones del retorno de lo social popular, la conjunci&#243;n entre democracia y pol&#237;tica; una conjunci&#243;n que no anula ni oculta los conflictos en el interior de las sociedades sino que los procesa pol&#237;ticamente bajo el paradigma de otra concepci&#243;n de los sujetos sociales, de la esfera p&#250;blica, del rol del Estado y de los derechos de cada uno de los que integra la vida en com&#250;n. La democracia, siguiendo esta perspectiva, condensa pluralidad y diversidad de intereses, visiones, concepciones, experiencias, tradiciones y pr&#225;cticas que en su entrelazamiento no dejan de evidenciar sus problemas no resueltos y sus contradicciones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Uno de los puntos nodales, al menos para pa&#237;ses como los nuestros que se enfrentan a la imperiosa necesidad de reducir los &#237;ndices de desigualdad y pobreza, es encontrar el dif&#237;cil equilibrio entre pol&#237;ticas de desarrollo y crecimiento econ&#243;mico (que incluye industrializaci&#243;n, tecnolog&#237;as innovadoras y nuevas formas de extracci&#243;n de las riquezas naturales) y esa doble dimensi&#243;n que articula la sustentabilidad medioambiental con los derechos hist&#243;ricos de los pueblos a continuar con sus estilos de vida, formas productivas e identidades culturales que en m&#225;s de una ocasi&#243;n chocan con la l&#243;gica del desarrollo. Democracia, entre otras cosas, es ese movimiento complejo y abigarrado que tensiona todas estas dimensiones pero bajo la matriz innegociable de la soberan&#237;a popular a la hora de determinar qu&#233; pol&#237;ticas, para qu&#233; y para qui&#233;nes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;2. Los tiempos de la pol&#237;tica se cruzan, lo sabemos y no podr&#237;a ser de otro modo en una sociedad absolutamente atravesada y saturada por los lenguajes comunicacionales, con los del periodismo. A veces porque lo ocurrido tiene, de por s&#237;, una dimensi&#243;n que no puede ser ignorada por los medios de comunicaci&#243;n; otras porque son esos mismos medios los que se apropian de un acontecimiento y lo convierten en el centro de su cotidiano machacar hasta hacer de algo menor el centro exclusivo y excluyente de la realidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay, sin embargo, otra ocasi&#243;n, tal vez la m&#225;s significativa, en la que se potencia el suceso por s&#237; mismo impulsando tanto a la pol&#237;tica como a la construcci&#243;n medi&#225;tica. Y esos suelen ser momentos en los que ni la intencionalidad pol&#237;tica de los gobiernos o de las oposiciones ni la construcci&#243;n virtual de los medios define las condiciones de emergencia y de continuidad de un acontecimiento. Suelen ser coyunturas que se enra&#237;zan en antiguos reclamos y que movilizan a amplios sectores populares que salen en defensa de derechos, historias, tradiciones, identidades, conquistas, sue&#241;os y hasta futuro enfrent&#225;ndose, incluso, a las promesas de progreso y bienestar de quienes son los portadores de las fuerzas del cambio. En un extraordinario, bello y erudito libro sobre Emiliano Zapata y la revoluci&#243;n mexicana, el historiador John Womack le explica al lector que &#8220;&#233;ste es un libro acerca de unos campesinos que no quer&#237;an cambiar y que, por eso mismo, hicieron una revoluci&#243;n. Nunca imaginaron un destino tan singular. Lloviera o tronase, llegaran agitadores de fuera o noticias de tierras prometidas fuera de su lugar, lo &#250;nico que quer&#237;an era permanecer en sus pueblos y aldeas, puesto que en ellos hab&#237;an crecido y en ellos, sus antepasados, por centenares de a&#241;os, vivieron y murieron&#8230;&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dif&#237;cil encontrar un comienzo tan potente y enigm&#225;tico como el que eligi&#243; John Womack para tratar de explicar por qu&#233; los campesinos del Estado de Morelos se levantaron contra los proyectos de transformaci&#243;n productiva y tecnol&#243;gica que, desde finales de siglo XIX, comenzaron a desarrollar, sin escatimar ning&#250;n tipo de &#8220;instrumentos&#8221; jur&#237;dicos, pol&#237;ticos, econ&#243;micos, t&#233;cnicos y de los &#8220;otros&#8221;, los nuevos empresarios del az&#250;car. Sospecharon de la palabra &#8220;progreso&#8221; cuando se dieron cuenta que ellos tendr&#237;an que pagar todo el precio de una promesa de futuro que, en el presente, significaba expulsi&#243;n y violencia de quienes, por generaciones, hab&#237;an vivido y trabajado la tierra de modo comunitario y que ahora eran brutalmente desalojados por los nuevos ingenios azucareros que representaban, para la gran prensa de aquellos d&#237;as, para el poder pol&#237;tico y para el paradigma cultural-civilizatorio dominante, la quintaesencia del progreso y de la innovaci&#243;n tecnol&#243;gica. Aquel tremendo acontecimiento de la historia latinoamericana que produjo uno de los l&#237;deres populares m&#225;s significativos y m&#237;ticos de nuestro continente, como lo fue Emiliano Zapata, puso en evidencia, una vez m&#225;s, el conflicto entre los adalides del progreso y el desarrollo, por lo general provenientes de las ciudades y due&#241;os del capital llamado a cambiar las formas econ&#243;micas ancestrales y apoyados por los gobiernos de turno, y los campesinos que se levantaban contra las fuerzas de una novedad que la ve&#237;an, quiz&#225;s sin equivocarse, como las sepultureras de sus tradiciones y modos de vida. Lo que tal vez no pudieron ver ni Zapata ni el otro gran l&#237;der campesino, Pancho Villa, era que los vientos de la &#233;poca soplaban a favor de la magia irradiada por la palabra &#8220;progreso&#8221; y que su lucha, all&#237; donde no lograba comprender las complejidades de los nuevos tiempos, estaba destinada a la derrota si no lograba, como efectivamente termin&#243; por suceder, encontrar los lenguajes, las fuerzas y las ideas que impidiesen la consumaci&#243;n de la hegeliana &#8220;astucia de la raz&#243;n en la historia&#8221;, brutal eufemismo para ocultar la estela de violencia y barbarie que conllev&#243; y sigue conllevando la l&#243;gica del &#8220;progreso&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;3. No se trata, estimado lector, de homologar las rebeliones zapatistas de principios de siglo XX con las protestas de las distintas poblaciones de La Rioja y Catamarca que, en las &#250;ltimas semanas, vienen sacudiendo el escenario pol&#237;tico y medi&#225;tico argentino planteando, de una manera poderosa y provocativa, la compleja cuesti&#243;n de la miner&#237;a. Se trata, antes bien, de se&#241;alar las ra&#237;ces profundas que se manifiestan en los reclamos de muchos de los habitantes de Famatina y de Tinogasta, de Bel&#233;n y de Andalgal&#225; (los nombres m&#225;s significativos que incluyen a otros pueblos y peque&#241;as ciudades cordilleranas), que se enfrentan, como en otros tramos de la historia caliente de nuestro pa&#237;s y del continente, a la sed de transformaci&#243;n e innovaci&#243;n que trae aparejadas el desarrollo econ&#243;mico y sus formas, que parecen irrefrenables, de expansi&#243;n tecnol&#243;gica y, en muchas ocasiones, ciegas ante los deseos y los derechos de los pobladores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero a diferencia de aquellos campesinos que se rebelaron en el M&#233;xico de Porfirio D&#237;az y que en su rebeli&#243;n contribuyeron a desatar una revoluci&#243;n que cambio la historia de ese pa&#237;s, y lo hicieron porque no ten&#237;an quien los pudiera escuchar; en la Argentina de 2012 hay una democracia que supo reencontrarse con la memoria de los derechos y que, desde que N&#233;stor Kirchner lleg&#243; al gobierno, rechaz&#243; la represi&#243;n como medio de dirimir las protestas sociales. Una democracia, bajo el giro hist&#243;rico que le imprimi&#243; el kirchnerismo, que recuper&#243; la memoria de la igualdad y de la participaci&#243;n y que volvi&#243; a hacer visibles a los invisibles. Y es desde esta reinvenci&#243;n democr&#225;tica de una Argentina que va logrando dejar atr&#225;s el modelo neoliberal, que se vuelve indispensable no s&#243;lo impedir que polic&#237;as provinciales acostumbradas a actuar como capangas y como fuerza de choque de los poderosos repriman la genuina protesta de quienes tienen derecho a oponerse a la miner&#237;a a cielo abierto &#8211;y esto m&#225;s all&#225; del indispensable debate en torno a su sustentabilidad o no-, sino que tambi&#233;n es tarea del gobierno (el nacional si los provinciales no se muestran interesados o simplemente juegan solo del lado de los intereses corporativos) convocar al di&#225;logo y abrir, como lo se&#241;al&#243; hace pocos d&#237;as Cristina, un profundo e indispensable debate sobre la miner&#237;a capaz de incorporar cuestiones tan relevantes como la sustentabilidad medioambiental, la protecci&#243;n de las econom&#237;as tradicionales y los caminos que hagan posible un desarrollo sin el cual resulta imposible construir una sociedad m&#225;s equitativa que logre distribuir riqueza genuina y no pobreza. Dicho de otra manera: c&#243;mo encontrar el equilibrio entre pol&#237;ticas de transformaci&#243;n econ&#243;mico-productivas que requieren de nuevas tecnolog&#237;as y de emprendimientos extractivos, y sin las cuales es muy dif&#237;cil imaginar la creaci&#243;n de riquezas socialmente distribuibles, y la protecci&#243;n del medio ambiente y de las identidades de los habitantes hist&#243;ricos de esas localidades que se han convertido en el centro de una nueva &#8220;fiebre del oro&#8221;. Bajo otras condiciones algo de lo mismo viene sucediendo con la expansi&#243;n de la frontera sojera y la expulsi&#243;n de cientos de peque&#241;os campesinos. La pregunta inquietante, la que no se puede eludir, es de qu&#233; modo garantizar los recursos para hacer mejor la vida, la educaci&#243;n y la salud de una sociedad que no puede desentenderse de la riqueza de su suelo y de su subsuelo. Ninguna corriente ecologista o medioambientalista puede resolver la ecuaci&#243;n, extremadamente compleja, entre creaci&#243;n de riquezas, disminuci&#243;n de la pobreza y distribuci&#243;n igualitaria si es que no se hace cargo de darle alternativas a sociedades que necesitan salir del atraso y de la dependencia; alternativas que no respondan a visiones regresivas y neoconservadoras sino que puedan dar un profundo debate, de matriz humanista, sobre los v&#237;nculos entre producci&#243;n, tecnolog&#237;as, medio ambiente, inversi&#243;n necesaria y sustentabilidad. Lo dem&#225;s es falso virtuosismo incapaz de pensar la cuesti&#243;n social o simple cinismo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;As&#237; como resulta absurdo, econ&#243;mica y pol&#237;ticamente, desconocer la historia y la proyecci&#243;n futura de la miner&#237;a en un pa&#237;s que es atravesado de norte a sur por miles de kil&#243;metros de cordillera, tambi&#233;n resulta indispensable reconocer el derecho de los habitantes de esas geograf&#237;as a ser partes activas a la hora de planificar y resolver estrategias de desarrollo que involucran directamente sus vidas y la de sus hijos. No hay soberan&#237;a territorial que no venga acompa&#241;ada por la soberan&#237;a del pueblo pero no entendida como unanimidad abstracta sino como conjunci&#243;n de diversidades. &#8220;Pruebas de fuego &#8211;escribe Mar&#237;a P&#237;a L&#243;pez- para los gobiernos populares, que deben refundar su legitimidad permanentemente en el ejercicio de una vasta conversaci&#243;n que se hace de conflictos, tensiones, discusiones y acuerdos. Nunca &#8211;salvo propicios y escasos momentos- de consensos un&#225;nimes. Por eso, las destrezas no deber&#237;an dedicarse tanto a la b&#250;squeda de estas ef&#237;meras unanimidades &#8211;que conocimos en d&#237;as de fiesta o de combate contra un enemigo exterior-, sino a la composici&#243;n democr&#225;tica de lo heterog&#233;neo&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ese es el abc de la democracia, el n&#250;cleo fundador de cualquier proyecto de naci&#243;n que tenga como br&#250;jula orientadora la idea emancipatoria que re&#250;ne en un mismo movimiento la indispensable generaci&#243;n de riquezas &#8211;industriales y primarias-, la distribuci&#243;n equitativa, la preservaci&#243;n y expansi&#243;n de los derechos y la protecci&#243;n del medio ambiente. Nadie dice que sea sencillo encontrar la ecuaci&#243;n adecuada. Esa es la tarea de la genuina invenci&#243;n democr&#225;tica, la que aspira a construir una sociedad m&#225;s justa.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		

	</item>



</channel>

</rss>
